Dietas, esa relación amor/odio
Pues sí, habéis acertado. Vuelvo a estar oficialmente a dieta (relativa, todavía le doy algo de pecho a Guille así que nada de tonterías) Pero es que últimamente me he pasado mucho, pero mucho, mucho... y desde que dejé la lactancia nocturna en un intento de que esta criatura durmiera mejor (con éxito sólo relativo), me he engordado una barbaridad. Y sé que hay madres que se mantienen delgadísimas persiguiendo a sus hijos, o por los nervios que hacen o cosas así, pero yo me engordo sólo de pensarlo y los nervios me hacen comer más... dejando aparte el hecho de haberme convertido en el "cubo de basura" de mis hijos...si Sofía se deja parte de la cena, ahí está mamá para ayudarle a acabarla. Si Guille se ha comido sólo medio quesito... mamá se come el otro medio... hasta me he acabado más de una vez alguna de sus papillas (¡es que me salen buenísimas!)
Y el caso es que odio profundamente tener que ponerme a dieta. Envidio con todas mis fuerzas a esa gente que puede comer lo que le apetezca sin engordar, o a aquéllos que simplemente escuchan las necesidades de su cuerpo en vez de comer por capricho como yo (vale, lo mío no se llama capricho, se llama gula). Pero, supongo que como a tod@s, me encanta sentirme a gusto en mi cuerpo; por razones estéticas, de salud, hasta de testarudez. Sí, lo habéis leído bien. Una maña de pura cepa como yo siempre acaba haciendo las cosas por cabezonería. Y si yo me encabezono en que esta vez, por mis narices que en el reconocimiento médico de la empresa no vuelven a ponerme sobrepeso, pues así será (la pena es que la tozudez no es un buen motivo y si no encuentro algo más que lo apoye, todos los años tengo que volver a echar pestes cuando me dan los resultados de los análisis, sobre todo porque normalmente me paso del normopeso por muy poquito, que aún me fastidia más) Así que esta vez me lo he propuesto firmemente y para que no pueda echarme atrás he optado por una serie de estrategias.
- la primera: establecer con mi marido un objetivo parcial con una fecha límite más o menos cercana (si la pongo a muy largo plazo no soy capaz de mantenerme) Por supuesto hay un premio si lo logro y un castigo si no.
- la segunda, de la que sois partícipes: pregonarlo a los cuatro vientos. Así será más difícil echarme atrás...
- la tercera: empezar suavemente. Por un lado por lo de la lactancia, pero también porque no estoy yo en mi mejor momento anímico como para liarme con muchas dietas. La suerte que tengo es que a mí me gusta la comida sana... lo malo: que me pierde el picoteo y el pan (soy capaz de untar hasta el caldo de la sopa y me encanta acabar las comidas con una rebanada de pan, igualita que mi bisabuelo según me contaba mi abuela)

Así que, de momento, empezaremos por quitar los pecados más flagrantes (no os cuento la del viernes pasado porque fue realmente de escándalo... de hecho ha sido el desencadenante de mis nuevas buenas intenciones) Éso durante una semana o dos. Luego iremos reduciendo algo más, poco a poco, y siempre en consonancia con lo que vaya diciendo la báscula. En principio mi idea es ir perdiendo un kilito por semana, y en función de cómo vaya evolucionando la cosa iré adaptando el concepto de dieta.
Se aceptan todo tipo de ideas pero ya os advierto de que no quiero saber nada de dietas milagro. Mis dietas se basan siempre en un buen desayuno (si no soy incapaz de salir de casa), una pieza de fruta a media mañana, comida sana y equilibrada en cantidades razonables, otra pieza de fruta a media tarde y cena ligera.
De momento, éste es mi planteamiento:
Desayuno: dos tostadas de pan integral (el de Silueta con no sé cuántos cereales y semillas, me encanta) con pechuga de pavo. Un vaso de zumo y un tazón de leche con cola cao y dos galletas integrales. (Sí, lo sé, parece demasiado, pero me levanto muy pronto y necesito energía para empezar el día)
Media mañana: una pieza de fruta
Comida: un día a la semana pasta o arroz, otro legumbres y el resto verdura. De segundo, carne o pescado a la plancha (en teoría más pescado que carne, en la práctica siempre acabo comiendo más carne pero bueno, lo intentaré). De postre un yogur. De momento sigo permitiéndome una pastilla de chocolate negro (el chocolate es buenísimo, en serio... y cuanto más puro mejor) Cuando empiece a quejarse la báscula ya veremos si hay que quitar ese pequeño caprichito.
Media tarde: una pieza de fruta
Cena: a elegir entre tortilla francesa o con jamón de york, ensalada, gazpacho, pescado a la plancha o al horno... De postre otro yogur (soy adicta a ellos, qué se le va a hacer)
A ésto lo ideal sería añadirle una horita de ejercicio al día, aunque sea andar a buen paso. Pero eso, hoy por hoy, para mí es imposible. Lo más que puedo intentar es olvidarme del ascensor y subir andando (cuando vaya sóla, claro) Ahora que lo pienso, la hora de la comida es buena, voy sóla y tengo que subir cinco pisos... está bien, me lo propongo firmemente, a partir de mañana mismo se acabó el ascensor a la hora de comer. Por lo demás, poco más puedo plantearme, a parte de algún que otro paseo con los críos (bueno, y el ejercicio nocturno con el costi, ya sabéis... que también quemará calorías, ¿no?)
Bueno, ¿qué os parece mi planteamiento? ¿ideas para mejorarlo? o más bien... ¿ideas para mantenerlo? Contadme, ¿tenéis fuerza de voluntad para seguir una dieta? Yo reconozco que tengo que recurrir a todo tipo de trucos para conseguirlo, tipo gráficas de seguimiento, premios para motivarme... y aún así... en fín, veremos cuánto me dura esta vez. ¿Cómo ha afectado a vuestra línea el hecho de ser madres?