Armas en manos de niños.
Recientemente, estuvimos viendo en Cuatro un reportaje de Jon Sistiaga que nos puso los pelos de punta a mi marido y a mí. Todos hemos visto alguna vez, espeluznados, cómo, en países en guerra, niños pequeños se ven obligados a empuñar un arma y pasan a formar parte del ejército o las guerrillas perdiendo sin remedio su infancia. En ningún caso es justificable, desde luego, pero la guerra es la guerra y no es ésta ni mucho menos la única barbaridad que se comete en su nombre.
Pero lo que ya no me cabe en la cabeza, de ninguna de las maneras, es que en un país supuestamente civilizado y en paz como es EEUU, haya padres orgullosísimos de las habilidades armamentísticas de sus retoños de las más tiernas edades. Escalofriante, ¿no? Las declaraciones de los asistentes al Festival de la Metralleta en Kentucky son todo un rosario de barbaridades, dignas del más rancio espaghetti western.
En la misma línea, recuerdo haber visto hace poco, en las noticias, que un padre había conseguido, por internet, el permiso de armas para su hijo de pocos meses. Le costó tres intentos pero sólo porque el hombre, entre otras cosas, era un poco torpe y no había conseguido rellenar correctamente el cuestionario ni a la primera ni a la segunda. Hablamos todavía de EEUU, claro. ¿Créeis que esto tiene algún sentido?
Vamos a ver, no me malinterpretéis, no soy la típica madre contraria a que sus hijos tengan armas de juguete o se diviertan pegando tiros virtuales con la Play Station. Es más, siempre me he sentido atraída por las armas. No he tenido nunca la ocasión de coger una de verdad, pero sí algunas réplicas y qué queréis que os diga. Me encantan. Me gusta sentir su tacto entre mis manos y más de una vez he pensado en apuntarme a un club de tiro. La caza me horroriza, sería incapaz de disparar a un animal por deporte y ni que decir tiene que el uso de un arma para matar a otro ser humano queda totalmente fuera de mis propósitos. Pero sí, hay algo que me atrae sin remedio en una Beretta Parabellum, por ejemplo.
Os contaré más cosas de mí: Para cuando conocí a mi marido, hace ya 10 años, ya hacía un tiempo que por internet se me conocía como Rally (como habréis visto en algunos de los comentarios de chicas que me conocen de los foros) Nada que ver con coches. El nick se lo debo a Rally Vincent,
protagonista del manga Gun Smith Cats, (no me lo puse yo, me "bautizaron", aunque tan acertadamente que a pesar de llevar años fuera del mundillo del manga, el nick ya no me ha abandonado nunca en mis andanzas por internet, eso sí, ella es mucho más mona que yo). Estando ya juntos, en Pau, nuestro jefe de entonces nos comparó en una ocasión con Bonnie and Clyde (por nuestra compenetración, no porque le hiciéramos nada al pobre hombre) lo que desató todo un pequeño gran jueguecito que incluyó disfraces, armas, fotos y, compinchados con el jefe de informática, la instalación en secreto en su ordenador personal de un salvapantallas con nuestras fotos escenificando las andanzas de la famosa pareja.
Como véis, a priori no tengo nada en contra de las armas como afición. Pero jamás se me ocurriría enseñar a una criatura de escasos años a utilizar una de verdad. Aunque sólo sea porque ni su cuerpo ni sus oídos están preparados para ello. En el reportaje de Sistiaga se veían a padres y madres orgullosísimos sosteniendo los hombros de sus retoños para que no se los dislocaran con el retroceso de armas más grandes que ellos. Una pistola de juguete es sólo eso, pero ¿qué desarrollo puede tener un crío que desde chiquitín se ha acostumbrado a "juguetes" de gran calibre? en el citado festival se podían ver todo tipo de pistolas, metralletas, subfusiles, parafernalia nazi y, agarraos, un lanzallamas con el que se podían achicharrar coches viejos con ¡napalm!. ¿Someteríais a algo así a las todavía demasiado influenciables mentes de vuestros hijos? Los asistentes al festival no cesaban de repetir que todo es cuestión de educación, que las armas no matan, matan quienes las empuñan, etc. Vale, es cierto, no se puede negar. Pero ¿cómo pueden estar seguros de ser capaz de educar correctamente a sus hijos para que no maten llevándolos a sitios así? ¿a alguien le extraña que EEUU sea el país de las matanzas en colegios y supermercados? a mí no.
Lamamma