Niños y niñas... ¿tan diferentes?
Este es un tema que siempre me ha llamado la atención. ¿De verdad los hombres y las mujeres somos tan distintos? sí, es obvio que existen diferencias biológicas innegables. Y según estudios científicos, es cierto que nuestro cerebro funciona de distinta manera, y también que, como regla general, los hombres tienen mayor facilidad para unas cosas y nosotras para otras. Pero en realidad no hay nada claro en todo esto. El cerebro sigue siendo un gran desconocido para la comunidad científica y el caso es que, hoy por hoy, seguimos sin poder decir a ciencia cierta si las diferencias de comportamiento entre hombres y mujeres son genéticas o ambientales. Aún así os recomiendo un artículo que he encontrado buscando información sobre este tema. Podéis leerlo en mundobiología .
Comentábamos hace poco la teoría de que los niños son más brutotes y las niñas más tranquilas. Parece cumplirse en muchos casos, aunque ni mucho menos en todos. Cuando hablamos de bebés es difícil poder echar la culpa de algo a la educación, ¡no han tenido tiempo! pero sí hay un factor que podría influir, y es de las expectativas que cada uno de nosotros ponemos en el bebé. Desde el mismo embarazo, en cuanto sabemos si nuestra lentejita es un muchachote o una princesita, empezamos a distinguir. Ropas distintas, distinto color para su cuarto (estoy generalizando, claro), distintas perspectivas... no lo neguéis, en cuanto sabemos el sexo empezamos a pensar en qué cosas haremos con nuestros hijos y desde ese mismo momento empezamos a diferenciar niños de niñas. Alguien bastante cercano a mí, que tiene dos hijos, comentaba que se llevo un disgusto al principio porque les dijeron que eran niñas. "¿A qué voy a jugar yo con dos niñas? ¿a las barbies?" y eso en un estado tan temprano del embarazo que ni siquiera habían acertado con el sexo porque al final resultaron ser dos chicos (para alegría del padre de las criaturas, que tenía clarísimas sus preferencias) También parece demostrado que el trato al bebé es distinto desde bien temprano, más mimos y juegos tranquilos para las niñas y más ejercicio físico para los niños.

Por supuesto todo esto cambia a velocidades de vértigo, y según vayan pasando generaciones, esas diferencias se irán diluyendo cada vez más. No tenéis más que pensar en vuestra adolescencia. Yo tengo 33 años. En mi época lo de que las chicas también podían lanzarse con los chicos era algo que empezaba a asomar tímidamente la nariz pero que en la práctica ninguna hacíamos (al menos en mi entorno, claro, no puedo hablar por todo el mundo) Ahora, según me comentan mis contactos, ya es algo totalmente asumido y de lo que no hace falta ni hablar. Las tareas de la casa: en mi generación todavía eran mayoría las madres que no trabajaban fuera de casa. Ahora ya ni hablar. Muchas hijas de madres amas de casa todavía arrastran ciertos prejuicios adquiridos en casa sobre quién debe ocuparse de las tareas del hogar. Las que hemos visto cómo nuestra madre trabajaba y nuestro padre colaboraba en casa no tenemos ese problema. Y ahora sí que estoy generalizando de forma peligrosa, lo reconozco. Quizás estoy extrapolando mis observaciones sobre unas pocas familias a normal general y eso está muy mal, lo sé. Pero bueno, es sólo un tema para la reflexión. En cualquier caso, no olvidéis de quién es la responsabilidad de la educación de niños y niñas. ¡Es nuestra! y no hay nada mejor que predicar con el ejemplo. Si en vuestra casa lo que se vive es que papá y mamá participan por igual en las tareas del hogar, éso será lo que interioricen nuestros hijos, sean niños o niñas.
Volviendo al tema original. Supongo que hace falta todavía cierto movimiento generacional para que la igualdad en el trato a niños y niñas sea efectiva, y supongo que sólo entonces sabremos si las diferencias de comportamiento tienen realmente una base biológica tan importante. Entre tanto, neurólogos y psicólogos seguirán haciendo sus estudios y llevándose la contraria unos a otros mientras las madres seguiremos dedicándonos a la observación de nuestros retoños y a ese feo pero inevitable vicio de la comparación con los del prójimo (si este ha hablado antes, si el otro ha empezado más tarde a caminar, si el mío es mucho más guapo y espabilado... ¿a qué a todas os suena?) Y ahora, entre nosotras... ¿realmente os identificáis con las supuestas diferencias entre hombres y mujeres más o menos comúnmente aceptadas?
- mujeres=sentimientos, hombres=sexo... bueno, a veces nosotras también pensamos simplemente en echar un buen polvo, sin complicaciones, sin consecuencias...
- hombres=competitividad, mujeres=empatía. ¿No somos competitivas? ¿es un chiste? sí, claro, y tampoco tenemos aspiraciones laborales ni nos gusta el poder...
- hombres=agresividad, mujeres=docilidad... este es aún mejor. Que se lo digan a mis compañeros de trabajo, que últimamente vienen sufriendo las consecuencias de mi mal humor (generado por la falta de sueño, que a mí me sienta fatal y me dispara toda la agresividad del mundo)

Y por favor, que nadie me saque a relucir el famoso "las madres nos ocupamos más de los hijos que ellos, los llevamos al médico, somos las que tenemos que reducir jornada..." vale, mi caso tod@s lo conocéis: abuso de los abuelos, así que ni papá ni mamá: yayo o yaya, pero si no tuviéramos esa inestimable ayuda, os garantizo que no iba a ser siempre yo la que tuviera que faltar al trabajo. Tampoco es cierto que a las mujeres se nos den mejor los niños. Mi padre tiene cien veces más mano con los bebés que mi madre. Lo hace con sus nietos y lo hizo con sus hijos. Cambia pañales, da papillas y biberones, medicinas, los duerme, los pasea... y no se le resiste ninguno. Os contaré una anécdota de mi propia infancia. Yo de pequeña era pésima comedora (quién me ha visto y quién me ve, con el saque que tengo ahora) Mi abuela materna era quien me cuidaba y, teóricamente, quien debía darme de comer. Pero desesperada conmigo, al final optaba por ponerse a darme la comida justo antes de la hora a la que llegaba mi padre (mi madre tiene jornada continua y siempre ha llegado más tarde a comer) Así en cuanto entraba por la puerta se hacía la agobiada y me largaba con él con algún "anda, dale tú de comer que conmigo no hay manera" Así que siempre era mi padre el que tenía que librar esa lucha conmigo. Ahora Sofía ya come muy bien, pero de más pequeñita tampoco es que tuviera mucha gana. De nuevo era con mi padre con quien mejor comía.
En fín, bueno, anécdotas particulares aparte, ¿a vosotr@s qué os parece? ¿de verdad somos tan diferentes? ¿o realmente nuestros comportamientos son más intercambiables de lo que parece? ¿a qué créeis que se deben nuestras diferencias? ¿en cuáles estáis de acuerdo y con cuáles no os identificáis en absoluto?
Lamamma