Los derechos... ¡y deberes! de los niños
Acabo de ver un video fascinante que me pasó mi jefe. Algun@s de vosotr@s seguramente lo conozcáis ya, ha sido bastante difundido... pero para quien no lo haya visto, por favor, no dejéis de hacerlo. Necesitaréis 20 minutos de tranquilidad, pero de verdad que no tiene desperdicio:
http://mediateca.educa.madrid.org/reproducir.php?id_video=jibnzc4s1quh4cv2
Hablamos de una intervención de Emilio Calatayud Pérez, juez de menores de Granada, conocido por sus sentencias ejemplares y ejemplarizantes. Con su campechanería habitual, da toda una charla sobre la educación de los hijos, sobre la protección, y sobreprotección de los menores, sobre sus derechos, sí, pero también sobre sus obligaciones, sobre la responsabilidad social de todos nosotros en su educación, el papel de las escuelas, de los maestros, los grandes cambios sociales que hemos sufrido en un período demasiado breve y cómo no los hemos digerido del todo bien... pero no sólo eso, termina la charla ofreciendo soluciones concretas a problemas concretos.

Ni que decir tiene que estoy totalmente de acuerdo con él, pero os invito por supuesto a dejar vuestras opiniones al respecto y que ¡se abra el debate!
A mí particularmente me gusta sobre todo su afirmación categórica de que un padre es un padre y punto, no es el amigo de su hijo, no es su colega, no tiene que llevarse bien con él... ¡es su padre! (o su madre, tanto da) Siempre he defendido esa misma postura. Los padres estamos para educar, para guiar, para marcar límites. Sí, de acuerdo, también para proteger a nuestros hijos, como no. Perosin olvidar saber imponernos, ser capaces de crear en ellos una buena base que en el futuro les haga ciudadanos capaces de elegir correctamente. Hasta cierta edad todavía tenemos cierto control sobre los niños, pero llega un punto en que, seamos serios, hacen lo que les da la gana y ya no podemos frenarlos como antes. Si hasta el propio juez se queja de sus problemas con sus hijos de 20 y 14 años... y eso que como él mismo reconoce, tiene la ventaja de que no le pueden amenazar con llevarle a juicio porque él es el juez de menores. Yo creo que esa fase tonta es inevitable, la tuve yo, la habéis tenido tod@s y la seguirán teniendo todos los adolescentes y preadolescentes del mundo por los siglos de los siglos. Será cosa de las hormonas, de las ansias de libertad, o de lo que sea, pero es inevitable. Hablamos de esa época en que todos hemos hecho tonterías sin límite. La diferencia entre una buena educación y una mala, y hablo desde mi opinión, ahora no es el juez quien habla, es la base que hayamos sentado en los... no sé, ¿13?, ¿14 primeros años de vida del niño? si hemos sido capaces de educarles en unos valores, en unos límites, si hemos conseguido hacerles valorar las cosas que reciben, que comprendan mínimamente al menos la importancia de una buena formación escolar, si hemos sido capaces de despertar su curiosidad por aprender, su capacidad crítica... lo que hagan en esos años no pasará de meras tonterías. Si hemos criado pequeños monstruos, pequeños reyezuelos de su casa, acostumbrados a que todo el mundo baile a su son, a que si a mí no me apetece no estudio, o no me como la sopa, o no me voy a la cama, entonces esa edad tonta se vuelve mucho más peligrosa.
El juez en su intervención hace también referencia a algo que ya hablamos en el post sobre los tipos de padres. Nos hemos sido de un extremo a otro. Del padre superautoritario al seguidor de las últimas tendencias en psicología conductual de la repanocha: del "te comes la sopa o te la merenderás o te la cenarás pero no comes otra cosa hasta entonces", al "bueno, verás, yo creo que es conveniente que te tomes la sopa, pero tú decides, claro." Ni tanto ni tan calvo, ¿no créeis?
Otra cosa a no olvidar. La legislación española reconoce en muchos sitios muchos derechos para los niños (aunque en la práctica, el juez Calatayud nos demuestra que en lo verdaderamente importante resulta que hasta los cangrejos de río están más protegidos) pero también, no lo olvidéis, tienen unos deberes mientras vivan en el domicilio de los padres que quedan recogidos en el Código Civil:, el deber de respetar y obedecer a sus padres, incluso el de contribuir a la economía familiar en la medida de sus posibilidades. ¿Cuántos niños conocéis que se conozcan al dedillo sus derechos, incluso alguno que se inventan sobre la marcha? muchos, ¿verdad? y ahora, ¿a cuántos conocéis que estén al corriente de que es su deber obedecer a sus padres y aportar dinero a casa? de esos ya nos salen menos, ¿a que sí? pues no lo olvidéis a la hora de educar a vuestras criaturitas. Yo desde luego procuraré no hacerlo, aunque como siempre, la teoría siempre es infinitamente más fácil que la práctica.
En fin, que la intervención de este juez os aseguro que no tiene desperdicio ninguno. Os recomiendo encarecidamente que dediquéis un ratito a escucharla, preferentemente con vuestra pareja, a meditar sobre ella y a discutirla entre vosotros. ¡Pero luego no os olvidéis de pasaros por aquí a dejar un comentario con vuestras conclusiones! Sobre los temas que yo he destacado o sobre cualquier otro de los que toca en su charla. Todos ellos son sumamente interesantes.