La vida útil de un juguete
¿Os habéis puesto alguna vez en el lugar de un juguete nuevecito recién entregado por Reyes? imaginad su alegría al ser desenvuelto por unas pequeñas manitas y escuchar los gritos ilusionados de su nuev@ amit@. Su confianza en que él, y no otro, será su juguete favorito para siempre... y luego... ¡la cruda realidad!
Sí, vale, me he visto alguna que otra vez "Toy Story", ayer mismo la volvieron a echar, aunque estaba enredada con otras cosas y sólo la entreví. Pero es que ¡es cierto! Un niño es capaz de pegarse semanas pidiendo sin descanso un juguete. Recibirlo por fin y jugar con él intensamente durante... ¿cuánto? ¿un par de horas? y seguro que ya me he pasado. Y acabar arrinconándolo sin piedad en lo más profundo del arcón de los juguetes.
Nuestros hijos tienen demasiados juguetes. Admitámoslo, es así. Ya nosotros tuvimos demasiadas cosas en nuestra infancia, muchas más que nuestros padres, que seguramente tuvieron a su vez juguetes que nuestros abuelos ni hubieran soñado. Pero ¿hasta dónde va a seguir creciendo esto? ésto es salirse un poco del tema, pero es que es más de lo mismo. Cuando yo hice la comunión (que sí, que la hice...) los regalos típicos eran el reloj, la biblia infantil, un diario, una medalla de oro... y a celebrarlo, con suerte, al parque de atracciones. Ahora se celebra en Eurodisney y los regalos no bajan del ordenador o la playstation. ¿Qué ha pasado? y peor aún, ¿a qué nos enfrentaremos nosotros cuando les toque a nuestros hijos? (yo todavía confío en que los míos no quieran saber nada de comulgar pero quién sabe...) Igual para entonces se lleva ya celebrarlo con un recorrido en jet privado por los principales parques de atracciones del mundo... el regalo supongo que no bajará de un buen piso en pleno centro o, en su defecto, un estupendo chalet en las afueras...
Sí, ya, vale, que estoy exagerando otra vez, pero ya me conocéis, ¿de qué os sorprendéis? Pero no me digáis que no es una locura. ¿Y vosotros créeis que nuestros hijos se lo pasan mejor que nosotros a su edad? ¿o que nuestros padres? yo os confieso que no. Os confieso que me moría de envidia cuando se juntaban en casa, mi abuela, mi madre y mi tía (que es prima de mi madre pero como si fueran hermanas) y recordaban esos ratos en casa de mi abuela en los que le cogían de todo lo que tuviera por ahí, pinzas, trapos, ropa, zapatos, maquillaje... poco importaba. Cualquier pingo les servía para montarse sus teatrillos, o sus tenderetes, o lo que tocara cada vez. Le dejaban la casa patas arriba pero mi abuela nunca se enfadaba. Y si no estaban en casa, estaban por la calle, jugando a la pelota, a la comba, a las tabas (mi madre se empeñó en enseñarme pero en mi época eso ya era una reliquia) Cuando yo iba al cole a todo eso aún se jugaba en el recreo (cambiando quizás las tabas por las canicas), pero aún así recuerdo un año en que se pusieron de moda las "maquinitas" y nos pegábamos todo el recreo jugando con ellas, intercambiándolas. Inolvidable el "Donkey Kong", 
míticas esas primeras y rudimentarias aproximaciones a las videoconsolas de hoy en día. Nada que ver, ¿eh? yo no tuve el Donkey Kong, ése lo consiguió, algún tiempo más tarde, mi hermano, con sus malas artes habituales. Pero tenía una maquinita de las sencillas (no de las que se abrían y sacaban doble pantalla como el Donkey) en la que Snoopy jugaba a una especie de tenis con Carlitos, sólo que Carlitos lanzaba la pelota a tres niveles distintos de altura y Snoopy tenía que subir y bajar por las ramas de un árbol para devolverlas todas. Algo así, igual era al revés, pero bueno, captáis la idea, ¿no? cuánta simplicidad... y sin embargo, cómo enganchaba aquéllo...
Ahora vivimos el reinado absoluto de la Play Station, la Wii, la Xbox... con juegos que parecen películas y películas que parece videojuegos. Hace poco lo hablaba con mi jefe, pero la conversación venía de que él aseguraba que las consolas han acabado con los libros. No estoy de acuerdo. Habrán acabado con otros juguetes, y probablemente con gran parte del juego en la calle o en el parque, hasta con el deporte, pero los libros ya estaban acabados hace tiempo. A mí siempre me ha gustado leer, supongo que, si no hubiera sido así, hoy no me gustaría escribir, pero recuerdo que era la rara porque a mí los reyes siempre me traían muchos cuentos, y yo encantada. En mi clase la mayoría de los niños leían por obligación, cuando nos lo mandaba el profesor, como se queja ahora mi jefe de que hacen los suyos. Yo creo que las consolas ahí han tenido poca influencia... ¿qué pensáis?
Lo que sí me preocupa es, ¿en qué momento dejan de gustarles los cuentos a un niño? porque vamos a ver, de muy chiquitines a todos, sin excepción, les encanta que les lean cuentos antes de irse a dormir. Aún cuando todavía no siguen bien la historia, disfrutan viendo las imágenes, preguntando ¿quién es? ¿qué hace? (en su idioma, claro, aunque sea por gestos) Y cuando empiezan a enterarse más, entonces ya se vuelven locos... todavía no he llegado con mis hijos al punto en que ya sepan leer ellos mismos, ¿quizás es ahí cuando les entra la pereza? no lo sé, pero espero que mis hijos no pierdan nunca el gusto por la lectura.
Para mí siempre ha sido algo fundamental. Una de las cosas que llevo mal de ser madre es ver la pila de libros por leer crecer y crecer... no puedo dejar de comprar libros de golpe, veo novedades que quiero leer y las compro, es una reacción instintiva... pero no puedo leer al ritmo que quisiera. Ahora un libro de 100 páginas me puede costar un mes... ¿qué ha sido de esas tardes muertas enganchada sin remedio a una historia fascinante? ¿qué ha sido de esas horas que pasaban sin darme cuenta con la nariz metida en un buen libro? y lo más importante, ¿volverán algún día?
Me he ido mucho del tema, ¿verdad? pero bueno, no importa. Me gusta esto de desvariar saltando de un asunto a otro. Y no es la primera vez que lo hago, ni mucho menos, así que supongo que si seguís leyéndome es porque a vosotr@s tampoco os disgusta, así que ya sabéis, espero vuestros comentarios sobre cualquiera de los temas que han ido salpicando este post.