Para los que nos han faltado
El post de hoy va dedicado a todas esas ausencias importantes que se han dejado notar durante estas fiestas. Porque sí, es cierto que se les echa de menos todo el año, no sólo en días señalados, pero no es menos cierto que hay días y días. Aunque os confieso que, para mí, no han sido estos días lo más difíciles, quizás porque en mi familia somos cuatro gatos y como nunca nos hemos reunido demasiada gente por Navidad, pues no sé, igual se notan menos las ausencias. No perdón, notarse se notan muchísimo, pero no más que cualquier otro día del año. Para mí el día más duro fue el del Pilar. Mi abuela se llamaba así, igual que mi madre, y desde hacía unos años vivía ya con mis padres así que con dos Pilares en casa, estaba claro donde se realizaba la comida familiar. Luego mi marido y yo nos íbamos a tomar café con sus padres sí, pero la comida era con los míos. Este año nos pilló además muy reciente. Mi madre no tenía ganas de celebraciones, como es lógico, pero aún así nos reunimos todos para comer juntos, aunque no hicimos nada especial. Ése fue para mí el día más duro una vez pasados los primeros momentos de mayor dolor. Sólo hacía once días que mi abuela había muerto y todavía no me había acostumbrado a su ausencia. Poco antes de morir, me había estado diciendo que tendría que ponerle el cachirulo a Guille. Por supuesto se lo puse, recordándola a ella, pero lo que no esperaba yo es que iba a entrar en casa de mis padres y dirigirme con él directa al salón para que viera lo gracioso que le quedaba. También mi madre comentaba que le pasaban esas cosas. Ir a contarle algo y darse cuenta de repente de que ya no estaba. Para lo pequeñita que era, ha dejado un hueco enorme...
Pero es indudable que las Navidades son de los momentos más difíciles cuando hay una pérdida reciente. Regalos que ya no se comprarán, una persona menos con quien contar para el menú... hay multitud de momentos que nos recuerdan que ya no estamos todos y, si el proceso de duelo está todavía abierto, es totalmente lógico, incluso necesario, sentirse afligido por ello. Yo reconozco que tras la muerte de mi abuela traté de volver lo antes posible a mis rutinas. Me refugié en el trabajo y en mis hijos, de forma que no tuviera tiempo de apenarme. Pero para superar una pérdida hace falta darse tiempo. Hace falta pensar en el ausente, llorar por él, concederse tantos momentos de tristeza como sean necesarios. Así que también me concedo esos momentos, preferentemente en soledad, no me gusta llorar en público.
Yo todos los días hago un total de cuatro trayectos en coche de unos veinte minutos. Para mí esos son momentos tranquilos, en los que puedo pensar sin niños chillando ni obligaciones reclamándome, ya que no puedo hacer otra cosa que conducir, y encima estoy sóla. En esos momentos pienso en muchas cosas, por supuesto, pero en muchas ocasiones me acuerdo de mi abuela, y entonces sí que no eludo su recuerdo. También cuando acuesto a Guille por las noches. Mi marido se queda acabando de darle la cena a Sofía y yo me lo meto al cuarto a darle la última toma y normalmente se me queda dormido mamando. Es otro de mis momentos de relax, en los que pensar tranquilamente en mis cosas, otro de los momentos en que es fácil que acabe llorando a mares. Para mí es un buen equilibrio. Durante la mayor parte del día me encuentro bien porque estoy concentrada en mis múltiples tareas, pero todos los días acabo dedicando algún ratín a mi abuela, a su recuerdo, a mi duelo. Últimamente me he dado cuenta de que ya empiezo a poder hablar de ella. Hasta hace poco era algo que evitaba. Ahora no sólo puedo hacerlo sin llorar (casi siempre y previa preparación mental), sino que necesito nombrarla a menudo, aunque todavía me cuesta. Supongo que es la siguiente fase de mi duelo. Escribir es otra cosa. Escribir siempre ha sido mi terapia para todo. Los primeros días después de su muerte me faltaban sitios donde expresarme, en público o en privado. Le dediqué miles de palabras, en este blog, en mi diario, en el cuaderno que le escribo a mis hijos, en el pequeño que llevo siempre en el bolso... todo era poco, no podía hablar de ella pero necesitaba sacar todo lo que llevaba dentro así que escribía y escribía. Todavía siento esa necesidad, como estáis comprobando ahora mismo. También la sentí el día del Pilar. Por la noche no podía dormir. Fue un día de emociones muy intensas y necesitaba descargarme de ellas para poder conciliar el sueño. Me levanté a escribir en mi diario, claro. No sé si será un remedio para todo el mundo o sólo para mí, pero, particularmente, es el mejor consejo que se me ocurriría daros para superar cualquier cosa.
En cualquier caso, lo importante es ser capaz de elaborar ese duelo. Como sea: hablando con mucha gente o de forma totalmente privada, buscando ayuda profesional si es necesario, encontrando apoyos aunque sea en quien menos lo hubiéramos pensado... quién me iba a decir a mí hace un tiempo que iba a estar hablando de algo tan personal en un blog público... y, sin embargo, me ayuda. Me ayuda escribir, me ayuda recordar a mi abuela para vosotros, me ayuda compartir mis sentimientos, cosa que me cuesta mucho hacer sin un boli o un teclado como herramienta. Y también me ayuda leer otras experiencias. Pocos días antes de morir mi abuela había estado leyendo el último libro de Isabel Allende: "La suma de los días" Y en él habla mucho de su duelo por su hija Paula. ¡Cuántas veces me he acordado de sus descripciones! de como habla de sus "paseos" con ella por su bosque, de cómo siente su presencia. Bueno, si habéis leído algo suyo ya conoceréis ese mundo interior suyo, tan lleno de espíritus y presencias familiares. Yo no siento la presencia de mi abuela, no paseo con ella por ningún sitio. Pero sí tengo mi propio mundo interior en el que ella tiene cabida: a través de la estrella que le pusimos Sofía y yo, a través de mis conversaciones, de mis escritos, y, en definitiva, de mis pequeños homenajes para ella...
Y, aunque me haya centrado en mi propia falta, no olvido que ésto es un homenaje a todos los ausentes en estas fiestas, aunque de ellos poco pueda hablar. Sólo desearos a todos, como le deseé a papito, que seais capaces de encontrar entre la tristeza por vuestra falta, el ánimo para disfrutar de los que sí están presentes. Cada uno a su manera, cada uno con sus propias herramientas, durante el tiempo que cada uno necesite... y si os ayuda compartirlo, ya sabéis que aquí tenéis un espacio abierto para contarnos lo que deséeis.
Lamamma