Esos días y "esos días"
Sí, vale, días y "días" los tenemos todos, padres o no padres, pero ¿no os parece que cuando se tienen hijos pasa mucho más? yo desde luego no recuerdo haber tenido semejantes altibajos nunca. Un día te los comerías y al día siguiente (o al minuto siguiente) lamentas no haberlo hecho ya, mientras calculas mentalmente cuántos minutos de horno por kilo necesitarías para que quedaran bien jugositos.
Bueno, y no sólo con los niños... al padre de las criaturas también hay que saber llevarlo, que éste costi mío tiene rachas tontas en las que no se aguanta ni él. Peeeeroooo, la experiencia es un grado y después de cinco años de matrimonio y alguno más de aguantarlo (o de aguantarnos mutuamente) ya sé que le ocurre sobre todo con los cambios de estación y que se le pasa con un chute diario de vitaminas. Pero ¡anda, cuando se le acaba el botecito!, como tampoco avisa (ni por supuesto es capaz de entrar a una farmacia a por más), me entero de que le tengo que comprar según se va poniendo de mala uva, porque naturalmente, (recordemos que hablamos de un hombre), él sigue dejando el botecito en su sitio de siempre, ¿qué más dará que esté ya vacío?
Por todo esto, como ya sabéis, este puente pasado lo cogí con algo de miedo. Aparte de la situación algo rara en la que nos vimos, que al final no fue para tanto, tenía reciente la experiencia del anterior fin de semana, con los niños más impertinentes de lo normal, el papi en una de sus rachas tontas y la mami especialmente cansada (el fin de año es una época que laboralmente me desgasta mucho por problemas varios: me pego el día discutiendo con clientes, con transportistas y con mi departamento de producción, para intentar que me cuadre todo para sacar el máximo de toneladas a unos clientes que ya no tienen interés en recibir nada hasta el año que viene, con unos camiones que varias semanas antes de navidad empiezan a desaparecer misteriosamente de la circulación, y todo esto mareando a mi pobre compañero para que vaya dando saltos en sus programas para llegar a fabricar todo lo que necesito)

Ahora que lo pienso, creo que los críos estaban tan impertinentes como siempre, ni más ni menos, lo que pasa es que hay veces en que todo se te hace más grande. En fín, resumiendo, que me enredo yo solita, que fue uno de esos fines de semana en que piensas en el divorcio más veces de las recomendables. Bueno, más que en el divorcio en alguna de las siguientes alternativas:
1. Dejo a estos tres plantados y me largo a San Francisco a empezar una nueva vida (como en los Lucky Luke)
2. Creo que me voy a dar un garbeo por el triángulo de las Bermudas a ver si yo también desaparezco
3. ¿Dónde está el círculo ese tan majo de Cuatro por el que puede uno escapar de cualquier situación desagradable?
4. Cariño, ¿y si vendemos a los niños por E-Bay?
Y antes de que nadie me diga nada, sí, por supuesto que estoy exagerando (pero poco). De hecho al final el puente fue bastante bueno. El papi se tomó sus vitaminas y se le pasó la mala uva, yo pude descansar (es un decir, pero al menos desconectas del trabajo, aunque te canses con otras cosas), los críos se portaron bastante bien, y puedo decir que hasta nos dió tiempo de hacer bastantes cosas de las que queríamos. Sí, incluso ordenar algo la casa (sin exagerar, ¿eh? tampoco nos vamos a poner ahora a tener la casa de catálogo, hasta ahí podríamos llegar...), fuimos a la piscina, aprovechamos el viernes, que no era festivo, para fundir la pobre tarjeta del Corte Inglés en regalos navideños... en fin, un puentecillo majo.
Contadme vuestras experiencias. ¿Cuáles son vuestras válvulas de escape para esos dias terribles? la mía ya la conocéis de sobras... escribir, escribir, escribir. De forma pública o privada, o las dos simultáneamente, escribir es mi mejor terapia para todo.