Niños, médicos y medicamentos...
Juntos pero no revueltos... comentaba Laura recientemente que a su hija, le pase lo que pase, siempre le recetan Dalsy o Apiretal, y que no le parecía muy normal. Y desde luego que no lo es. Supongo que en cuestión de pediatras, como en todo, habrá estilos para todos los gustos. El mío la verdad es que es poco de recetar medicamentos (y yo encantada) Él todo lo arregla con que beba mucha agua, chifletazos de rhinomer... aunque, por supuesto, si hace falta algo más, pues se receta y ya está. Pero desde luego me chocó el comentario de Laura. Incluso el Dalsy o el Apiretal, tan comunes en cualquier botiquín infantil, lo recomienda con moderación.Él siempre nos dice que no les demos nada si la fiebre no supera los 38,5 aproximadamente. Y yo estoy totalmente de acuerdo.La fiebre no es necesaria bajarla porque sí, es una defensa del cuerpo, no una enfermedad, y, por tanto hay que dejar al sistema inmunitario trabajar. De los abusos y/o malos usos de los antibióticos ya mejor ni hablamos, ¿no?
En cuanto al otro gran mal de todo niño: los mocos y sus asquerosas flemas, pues según mi pediatra, lo fundamental es la limpieza de la nariz. Rhinomer a discreción, como si fuera tan fácil. Con Guille aún puedo yo sóla pero si intento echárselo a Sofía necesito como poco a los GEOS... Sin embargo, si al auscultarles les nota mal los bronquios sí que les receta el ambroxol. Lo que no me ha hecho nunca es recetarme Dalsy o Apiretal para eso... y ni mucho menos para una gastroenteritis, como decía Laura. Para eso no hay más que dieta astringente y kilos de paciencia, pero esa no la venden en farmacias, aunque ya podrían...

Por lo demás, la verdad es que, por suerte, no estoy muy puesta en el tema de medicamentos. Sofía siempre ha estado muy sanota. Lo que más guerra le ha dado hasta ahora es que el año pasado le dio por coger conjuntivitis una detrás de otra (cosas de la guardería, supongo) Y Guille por ahora, aparte de toneladas de mocos, no ha tenido otra cosa (y digo yo, ¿cómo les cabrá tanta porquería en esas naricitas tan chiquititas?) A sus siete meses todavía no sabe lo que es un episodio de fiebre (y Sofía la conoce pero poco) y, para tener una hermana que va a la guardería, la verdad es que se nos mantiene muy bien el chico (decidme lo que queráis pero yo lo achaco a la lactancia materna, aunque sé que no garantiza nada, y que hay niños igual de sanísimos criados con biberón) Por supuesto están vacunados de todo lo vacunable, eso sí. Sé que hay quien está en contra de las vacunas, y no deja de ser una opción. No dudo de que tendrán sus inconvenientes y sus riesgos, como todo, pero no hay duda de que la vacunación masiva de niños en los países desarrollados ha permitido erradicar enfermedades que, hasta no hace tanto han sido, y siguen siendo en otros países, importantes causas de mortalidad infantil y adulta. De hecho, la entrada de personas no vacunadas en nuestro país está ocasionando nuevos brotes de algunas de ellas, lo que no hace sino probar una vez más la eficacia de las vacunas.
Aparte de esto, desde el principio del otoño, más o menos, le estoy dando a Sofía todos los días un poquito de "propolbaby", un jarabe que me recomendó su tía abuela (que tiene una herboristería) a base de própolis, equinacea, acerola, helicriso y miel, todo productos naturales que ayudan a nuestras defensas a estar en plena forma. Y bueno, de momento se está manteniendo bastante libre de enfermedades. Un día estuvo tosiendo mucho y por la noche tuvo fiebre así que al día siguiente no la llevamos a la guardería pero no se volvió a saber nada más de la fiebre en todo el día. De hecho yo también estoy tomando una pastillita de equinácea (y alguna cosilla más, pero básicamente equinácea) todos los días y me está yendo fenomenal, porque lo de la lactancia me estaba dejando las defensas a cero. Los primeros meses, con la lactancia exclusiva, era algo increíble. Para lo que soy yo, que no suelo coger nada, agarraba al vuelo cualquier virus que pasara despistado en 100 metros a la redonda, y hasta me salió un señor herpes en la espalda que me tuvo frita más de una semana. ¡A mí!, que en mi vida había tenido ni un mísero y chiquitajo herpes labial...
Y supongo que no se puede acabar ningún artículo sobre medicamentos sin recordar al menos las recomendaciones más básicas sobre su uso:
- No automedicarse ni medicar a la familia sin consejo del médico: igual no soy yo la más adecuada para hablar de esto, pero ahí está el consejo. De todas formas, para un antipirético si se tiene fiebre (recordar, fiebre alta, no unas décimas, hay que dejar al sistema inmunitario trabajar, bajar a toda costa la fiebre puede ser contraproducente), para un poco de Mucosan si se oyen las flemas en el pecho a distancia, o un traguito de Flutox si se tose mucho, digo yo que tampoco hace falta el pediatra, ¿no? Pero no más, ¿eh? cualquier cosa más seria ¡a consultar con el médico!
- No dejar los medicamentos al alcance de los niños: lo mejor es un armario botiquín con llave colocado en una zona alta. Los críos tienen las manos muy largas y muchos medicamentos se parecen sospechosamente a los caramelos.

- No guardar las medicinas eternamente: revisar periódicamente el botiquín y llevar aquéllos medicamentos que ya no se utilicen o estén caducados a algún punto Sigre (en farmacias)
¿Algún otro consejo que se os ocurra? ¿cómo son vuestros pediatras? ¿os gustan? ¿os habéis cambiado de médico? ¿por qué? ¿qué tal el cambio? ¿Qué esperáis del pediatra de vuestros hijos?