Mi otro niño
Pues sí, es cierto, además de Guille y Sofía tengo por ahí otro niño del que todavía no os había hablado. Se llama Maykel, vive en Managua y lo tenemos apadrinado (con infancia sin fronteras) desde hace unos años. No sé si conocéis un poco este tipo de programas, por si acaso os resumo brevemente en qué consiste el apadrinamiento de niños.
Por una pequeña cantidad al mes se te asigna un ahijado, al que puedes escribir cuando quieras y del que vas recibiendo correspondencia regular. Hace unos días precisamente recibimos una carta y un dibujo de nuestro niño. Es una forma de convertir la ayuda en algo más personal aunque realmente el dinero que tú aportas cada mes no le llega directamente a él sino que se invierte en proyectos en su comunidad. Anualmente la asociación nos envía una revista con la evolución de estos proyectos, de forma que estés siempre informado del destino de tu dinero. En la última, por ejemplo, me ha alegrado comprobar que en la localidad donde vive mi ahijado acaban de poner en marcha, en colaboración con el Ayuntamiento de A Coruña y la Obra Social de Caja Madrid, dos pabellones de atención hospitalaria pediátrica en el hospital.
También me ha encantado leer que han conseguido pasar ya de la atención más básica, en la que tuvieron que centrarse cuando comenzaron a trabajar en Nicaragua, a consecuencia del huracán Mitch, a proyectos más ambiciosos, que tratan de garantizar una educación a los niños y una formación técnica y profesional a los jóvenes. Para los más pequeños, han habilitado guarderías, que permiten a sus madres trabajar para sostener a sus familias sin necesidad de tener que dejar a los bebés al cuidado de sus "hermanos mayores", casi siempre de no más de 6 o 7 años, y que, por tanto, no podían acudir tampoco a la escuela.

En estos casos, por supuesto, siempre te queda la duda de qué harán realmente con tu dinero, se oyen tantas cosas sobre las más diversas ONGs... algunas realmente espeluznantes, como el reciente caso de la asociación francesa Arca de Zoé. Pero a mí este sistema me gusta. No es que te garantice nada, tampoco, de acuerdo, te la pueden dar igual. Pero el hecho de recibir todos los años un dibujo o una cartita de mi niño, en la que me contesta a cosas que yo le he dicho en mi propia carta, y nos llama por nuestros nombres, pues mira, ¡nos gusta! Lo que no me hizo mucha gracia fue que cuando el primer año preguntamos si había forma de enviar algún regalito a nuestros niños nos lo desaconsejaron porque allí en aduanas por lo visto tienen las manos muy largas y basta que el que te mire el paquete y encuentre un regalito tenga hijos, sobrinos o nietos para que no llegue nunca a destino. Una pena. Pero a grandes males, grandes remedios, y yo quería enviarle algo a mi ahijadito, así que al final se me ocurrió escribirle un cuento. De esa forma no hay paquete. Sólo un sobre lleno de papeles, carta, cuento, qué más da, sólo papeles. Y de paso es un regalo muy personal y que a mí me encanta hacer. Y más que me ha encantado que mi niño me pida en su carta que siga mandándole cuentos como el que le envié, que le gustó mucho.
Ahora anda rondándome la cabeza la idea de apadrinar otro niño, esta vez en Níger (África me tira muchísimo desde siempre) Estoy en proceso de convencer a maridín de que si ya tenemos dos hijos biológicos, lo justo y equilibrado es tener también dos ahijados pero a este hombre en cuanto le hablas de gastar dinero se le ponen los pelos de punta. ¡Ni que fuera una fortuna! Pero bueno, ya lo convenceré. Yo creo que, como tarde, en un par de meses, os estaré contando que ya tenemos nuevo ahijado o ahijada...
La verdad es que, sobre todo en estas fechas, las ONGs te inundan con sus buenos propósitos intentando convencerte para que les ayudes económicamente. En realidad me parece mucho más interesante el trabajo de los voluntarios. En nuestra propia ciudad no nos faltan personas necesitadas, niños abandonados, ancianos, mujeres maltratadas, indigentes... pero yo, hoy por hoy sólo me animo a colaborar económicamente. Pero no descarto el día de mañana, cuando mis hijos sean ya más independientes, participar de otra manera con alguna asociación, como ya lo hice en mi época universitaria.
Sé que muchos piensan que todas estas cosas son sólo una forma de acallar conciencias. Puede ser, no digo que no. Pero ¿qué queréis que os diga? yo veo noticias como las de hoy de madres que habían matado a sus hijos, y necesito saber que yo estoy haciendo algo por cambiar el mundo. Sea apoyando económicamente a una asociación o expresando mis ideas desde este blog. En los dos casos la aportación al mundo es minúscula, pero al menos existe, y yo no creo que valga sólo para acallar mi conciencia. ¿Y qué llevará a una madre a matar o maltratar a sus hijos? recuerdo una discusión sobre el tema en Diario de un Embarazo, en el que hablábamos del instinto maternal y paternal y de si todos lo tenemos o no. Se comentaba que una persona que abandona o mata a su hijo no puede tener instinto maternal, pero el instinto no es algo racional sino puramente salvaje. Y en el mundo animal también existen los abandonos y las madres que matan a sus crías... ¿qué pasará por sus cabezas, humanas o animales, para hacer una cosa así? ¿Por qué unas madres, se dejan la salud y casi la vida por sacar adelante a sus hijos en países subdesarrollados (o no) y otras, aparentemente sin problemas, los matan? Ayudar a las primeras es "fácil", sólo es cuestión de dinero y voluntad, de desarrollar proyectos que garanticen la cobertura de sus necesidades más básicas y les permitan dar, al menos a sus hijos, la formación necesaria para ser capaces de salir adelante por sí mismos. El mayor capital de un país son sus habitantes, pero si esos habitantes se mueren de hambre y necesitan trabajar desde muy pequeños para malvivir, ¿qué futuro puede tener ese país? Ayudar a las segundas es mucho más difícil. Hoy he oído que a la madre que había matado a sus cinco hijos pensaban visitarla justo hoy las asistentas sociales. Los niños habían despertado ya sospechas en el colegio porque acudían todos los días sin abrigo y sin el bocata para el recreo. Pero no es fácil detectar un problema tan grave como el que tiene que tener esa mujer, y menos detectarlo a tiempo. Incluso aunque las asistentas hubieran llegado a tiempo, ¿habrían sido capaces de verlo? quizás sí, o quizás no.
¡Qué diferentes son los problemas del primer mundo y del tercero, ¿verdad?! y, sin embargo, una madre es una madre en cualquier parte del mundo, con diferentes actitudes, con diferente educación, con diferentes valores, pero en el fondo es lo mismo. Ahí os dejo un tema de reflexión...