Apuntando maneras
Es curioso como, desde muy pequeñitos, los niños nos van mostrando pequeños avances del que será su carácter. Sofía fue un bebé independiente. Le gustaban los bracitos, claro, como a cualquier bebé, pero en dosis moderadas. Muchas veces prefería que la dejaras en su cuco tranquilamente, aunque eso sí, teniéndote cerca. Hoy por hoy sigue siendo una niña que se entretiene sóla con facilidad y que, de hecho, en la guardería suele ir más bien a su aire, como sabéis por otros posts. Últimamente parece que empieza a relacionarse un poquito más con los otros niños, no sé si por el trabajo de la psicóloga del centro o simplemente porque ahora pasa más tiempo con ellos. Otro rasgo marcadísimo del carácter de Sofía es lo mandona que nos ha salido. También desde bien canija ha intentado salirse siempre con la suya. Incluso con los más cercanos, como decidiera que en ese momento no le apetecía irse con ese abuelo en concreto las que armaba eran de órdago. Lógicamente, según ha ido adquiriendo habilidades comunicativas, lo ha ido teniendo mucho más fácil. Por ahora no es que hable demasiado todavía pero algunas de sus frases más comunes son: (en tono de capitán general): ¡TÚ, AHÍ! o también: ¡AHORA, COSQUILLAS! y hay que verla lo bien que manda la tipa... esta niña va para jefaza...

En cuanto a Guille... no sé, por ahora no lo tengo tan claro, pero sí que apunta a ser más mimosón que su hermana. No tan independiente, desde luego. También es mucho más nervioso, este chico va a ser un culo inquieto, me temo. Habrá que apuntarlo a algún deporte que le permita desfogarse un poco. Buscando información sobre el tema he encontrado algunas pistas sobre cómo tratar a cada bebé según su carácter, que relaciona con la forma de alimentarse. El juguetón, que enreda durante un buen rato con la tetina antes de comer, el tranquilote, que chupa un poco y se queda frito, o el inquieto, que termina su toma en pocos minutos. Guille es de estos últimos así que sí, coincide con mis propias apreciaciones. Según el artículo, se trata de bebés audaces, a los que les reconforta un paseo tranquilo en plena naturaleza. Y sí, bueno, a Guille basta con que lo saques a la calle para que se relaje inmediatamente, aunque creo que esto les pasa a todos los bebés. Obviamente, no es lo mismo pasear por la ciudad que llevarle al campo, donde pueda escuchar el ruido de un riachuelo o el trino de algún pájaro. Recuerdo una excursión a Ordesa que hicimos con Sofía cuando tenía unas seis semanas. Ella siempre ha sido más bien tranquilita pero fue llegar allí, darle de comer, montarla en la mochila portabebés y hala, a dormir. Se tiró todo el camino totalmente relajada, durmiendo como una bendita. Me habría gustado repetir la experiencia con Guille pero una cosa es llevar a un bebé chiquitín en la mochila y otra subir cuestas con una niña de dos años y medio. Aún así me propongo buscar algún lugar tranquilo, cerca de Zaragoza, donde poder ir con los dos sin demasiados problemas porque, independientemente del carácter, un paseo por la naturaleza le viene bien a cualquier bebé, niño o adulto.
Rasgos comunes a los dos es que son extremadamente curiosos. Sofía llegó al mundo mirándolo todo con los ojos como platos y desde entonces no ha dejado de sorprender a todo el mundo con la viveza de su mirada y sigue siendo muy, muy observadora, no se le escapa detalle. Guille no salió tan despierto pero le costó pocos segundos abrir los ojos y mirar para todos lados. Se supone que tan chiquitines no ven tres en un burro pero algo deben captar, aunque sean luces y sombras, o movimientos a su alrededor. Como Sofía, Guille sorprende a todos con su mirada avispada, aunque en su caso casi más con esa sonrisa de pícaro seductor que saca en cuanto le hacen un poco de caso. ¿Nos habrá salido un Don Juan?
Me he planteado muchas veces en qué medida el carácter depende de la educación o de la genética. Supongo que las dos cosas influyen por igual. Está claro que la genética algo tiene que decir, puesto que los bebés muestran ya desde recién nacidos rasgos de su carácter. Pero a lo largo de la vida todos vamos modificando esos primeros rasgos, perfilándolos, recibiendo influencias de padres, abuelos, tíos, profesores, amigos, ídolos... demasiadas como para no tener algo que decir incluso frente a la genética, ¿no os parece? Así que como padres tenemos que fijarnos en todos esos pequeños detalles que nos dan pistas sobre el futuro carácter de nuestros hijos y potenciar las cosas buenas, tratando de corregir desde pequeñitos las no tan buenas, como la tendencia a la agresividad, unos celos excesivos, y sí, también por ejemplo esa tendencia mandona de mi hija, que tendrá que aprender que no todo el mundo va a hacer lo que a ella le de la gana y cuando le de la gana. El cómo conseguirlo ya es un tema más complicado. ¿Alguna idea?
Contadme, ¿qué rasgos destacaríais del carácter de vuestros hijos? ¿desde cuándo los habéis apreciado? ¿qué créeis que es más importante, la genética o la educación?
Lamamma