Pareja vs padres
¿Se pueden ser las dos cosas a la vez? ¡espero que sí! pero mira que es difícil... por muy asentada que esté la relación de pareja, la llegada de un hijo lo trastoca todo. Llegas cansad@ del trabajo y en vez de sentarte tranquilamente a leer un rato o dar un paseíto tranquilo con tu pareja, o tomarte algo en una terracita, pasas un ratito agradable con tus hijos, sí, pero enseguida llega la hora de baños, cenas y a dormir y al cansancio del trabajo se une el de la lucha diaria con quejas, lloros, exigencias... y ni siquiera puedes recuperarte durmiendo toda la noche del tirón. Por supuesto no todo son malos momentos, faltaría más. También disfrutas día a día de momentazos únicos con los pequeños o grandes avances de los peques, sus risas, sus juegos, sus abrazos, esas miradas amorosas que te echan de vez en cuando... Pero sí es cierto que los primeros meses de vida del bebé estamos más cansados, más alterados, más irascibles. Nos enfrentamos a nuevas decisiones, en las que no siempre estamos de acuerdo y eso genera nuevas discusiones. Por otra parte, nos falta el tiempo para solucionar estas cosas, para hacernos mimitos, ¡hasta para hablar tranquilamente!

Bueno, vale, tampoco quiero exagerar las cosas, que luego me decís que me estoy pasando. Mi relación de pareja, por suerte o por lo que sea, goza de muy buena salud, y que le dure. Pero sí que es cierto que en los últimos meses, como nos ocurrió después del nacimiento de Sofía, nos están pasando todas esas cosas, como supongo que a cualquiera que haya tenido un hijo. ¿Y cómo se soluciona eso? pues con kilos y kilos de paciencia, supongo. Y recordando siempre que el grito que te acabas de ganar por alguna chorrada no es real, que es fruto de la falta de sueño o de los nervios de punta que te están poniendo los dos críos llorando a coro. Y al revés, claro, que buen genio tengo yo ya de normal como para encima estar especialmente alterada. Y sí, lo reconozco, últimamente estoy especialmente nerviosa e irritable y quienes lo pagan son principalmente mi marido y mi hija. Con Guille me controlo bien, también lo hacía con Sofía cuando era más bebé. Pero ahora que ya va desarrollando la chulería y la mala uva que no sé de quién habrá heredado... (ejem) pues ya no me controlo tanto. Y qué poco me gusta, oye. Con lo que me costó a mí aprender a dominar este geniacho mio... en fin, supongo que en cuanto pasen unos meses la situación se normalizará, como se normalizó con Sofía.
Entre tanto, mis trucos:
- No dejar bajo ningún concepto que la rutina y el cansancio se apoderen de nuestra relación. Yo procuro llevar siempre en la cabeza la preparación de alguna sorpresa o jueguecillo para mi marido, y tampoco él deja pasar mucho tiempo sin sorprenderme con alguna nueva idea. Hay que planificar más las cosas y la mitad de las veces cualquier imprevisto con los niños te rompe todas tus previsiones y toca esperar a una nueva ocasión, pero como preparar las cosas también es divertido, pues mira, así las vamos perfeccionando. Yo tengo un par de ideas locas rondándome la cabeza y voy preparando cosas para cuando surja la ocasión de llevarlas a cabo. Eso sí, el tiempo también hay que esforzarse por encontrarlo. Y, sin abusar, estamos de acuerdo, pero también hay que recurrir de vez en cuando a los canguros para salir sin niños. La matrona que me llevó el embarazo de Sofía nos hacía mucho hincapié en ésto. Decía que al menos una vez a la semana procuráramos salir un ratito en pareja, sin niños, aunque nada más fuera a tomar un café al bar de la esquina. Que los hijos acaban por irse de casa y quien se queda al final es la pareja. A estas alturas salir a solas con mi marido una vez por semana me parece misión totalmente imposible, hasta una vez al mes... pero intentarlo hay que intentarlo... ahora tenemos unos vales para un spa que hay cerca de casa y andamos buscando la ocasión de ir, ya veremos si no se nos pasan de fecha...
- Escuchar siempre a mi marido, hasta cuando se enrolla como una persiana contándome monsergas de su trabajo que ni me van ni me vienen y que muchas veces comprendo sólo a medias. Pero entonces me acuerdo de que yo le hago exactamente lo mismo y que él tampoco se entera ni de la mitad y hago el esfuerzo de entender lo que me está explicando, de preguntarle detalles, de darle la razón (o quitársela) con argumentos... no siempre nos sale, claro, hay veces en que bastante cansados estamos ya con lo propio como para aguantar muchos rollos, pero entonces nos limitamos a dejar hablar al otro, aunque sepa que apenas le escuchamos, y bueno, al menos sirve de desahogo, ¿no os parece?
- Comportarnos en las discusiones. No chillar (esto a mí no me sale pero lo intento), no sacar antiguos trapos sucios o echar en cara cosas que tienen que ver sólo de refilón con el tema de la discusión. En fín, todos esos sabios consejos que se suelen dar sobre cómo discutir y que no hay ser humano capaz de aplicar... ejem... bueno, alguno habrá, pero desde luego a mí me cuesta un mundo...
- Y mi máxima preferida: no acostarme nunca enfadada. Es algo que nunca he podido soportar. Si nos hemos enfadado pues lo arreglamos. Se discute lo que haga falta, se chilla si no se puede evitar, se van acercando posturas y al final se calman los ánimos y ya se puede ir uno a la cama con la sonrisa en la boca. Pero irse a dormir con malas caras... ¡eso nunca!
Y hasta aquí me llegan las neuronas por hoy. Sé que hay más cosas que quería yo comentar pero se me han hecho casi las doce escribiendo y se me a convertir el portátil en calabaza y la ADSL en pequeños ratoncillos, así que os dejo reflexionar sobre este tema y, como siempre, os invito a compartir conmigo y con el resto de lectores vuestras conclusiones, ideas, consejos o sugerencias.