bien dormidos, me fui yo misma a la cama bien prontito,
la cosa era aprovechar al máximo las horas que pudiera dormir antes de que Guille tuviera hambre, Sofía hiciera otro buen pastelón, o, en el peor de los casos las dos cosas a la vez. Pero como dice siempre mi costi: "prepárate para lo peor y espera lo mejor" Guille se despertó, sí, pero lo habitual en él, y Sofía durmió toda la noche de un tirón y nunca más se supo de su diarrea. Supongo que simplemente había cogido frío y en cuanto se limpió, pues tan fresca. El segundo día transcurrió con total normalidad, así que por la noche descuidé toda precaución y me quedé escribiendo el blog y por los foros hasta tarde. Esa noche sí se despertó Sofía, claro. Pero bueno, nada grave, algún mal sueño o algo. En cuanto me quedé un ratito con ella se tranquilizó y siguió durmiendo. Guille sin embargo se despertó alguna vez más de las habituales... Nunca se sabe cuándo te va a tocar la mala noche... al menos llevaba la ventaja de haberme acostado prontito la noche anterior... Ah, por cierto, una aclaración sobre lo que significa para mí acostarse pronto o tarde. En pocas palabras, todo lo que pase de las once de la noche es una trasnochada de escándalo... si es que la Cenicienta a mi lado es un pendón desorejado...
Pero a lo que iba, que tanto pánico, tanto pánico y al final me desenvolví muy bien sóla. Así que cuando el viernes me enteré de que mi suegro contaba con su hijo para llevar unas cosas al pueblo el domingo por la mañana casi ni noté el ataque de pánico de costumbre. Es más, decidí que ni siquiera iba a pedir socorro a los abuelos. Vamos, hombre, lamamma pidiendo socorro para cuidar de sus retoños, ¡eso faltaba! Y mira que la cosa iba bien, ¿eh? el costi se ha ido prontito con idea de llegar, dejar las cosas, tomar algo y volver enseguida para llegar a comer. Perfecto. Una mañana con las dos fieras no es para tanto. Yo me he levantado con él para ir desayunando tranquila. Después de desayunar he decidido aprovechar para leer un ratito. Habré avanzado unas... no sé, ¿cinco páginas? Las 7:30 y Sofía llamando: mamaaaaaaa, mamaaaaaa, maaaaaaaaamaaaaaaa. Esta niña ni después de cuatro días de fiesta suelta el horario de guardería... Pero bueno, bien. Hoy no ha querido galletas con la leche pero a cambio se ha zampado tres buenas raciones de Choco Krispies. Está comedora últimamente, a ver si le dura... Le ha costado un buen rato desayunar pero como Guille no se ha despertado hasta cerca de las nueve, nos hemos organizado bien. Ha habido suerte, Sofía tenía el día cariñoso con su hermano. Eso sí, mi plan era salir al parque o a la plaza en cuanto los tuviera vestidos pero no contaba yo con los caprichitos de la niña, hoy, mira tú por dónde no le apetecía salir de casa, prefería jugar con su zoo de Lego. Bueno, vale, no problem... con Guille protestando en la hamaca he conseguido hasta hacer las camas y todo (mientras me preguntaba por enésima vez cómo lo hacían esas abnegadas amas de casa que se dedicaban a su hogar, su marido y sus niños durante todo el día...)
Después de un ratito Guille ya estaba impertinentemente muerto de sueño así que he intentando que se durmiera, pero es que el niño no quería dormir... y cuando conseguía que se relajara y medio cerrara los ojos, a su hermana le hacía tanta gracia que se acercaba a mirarle o a decirle cositas y me lo alborotaba de nuevo. De paso, ése ha sido el momento que ha escogido mi padre para riiiing, riiiiiing, llamar a ver qué tal y preguntarme si quería el DVD de Supernanny que venía con el Heraldo de ayer, que no lo había cogido. "Pues sí, ya te dije que sí que lo quería" "Bueno, pues le llamo a ver si le quedan",
riiiing, riiiiiing, el costi para decir que se estaban tomando unos huevos fritos con jamón (ni que hubieran ido al pueblo haciendo footing) pero que volvían enseguida. Riiiing, riiiiiing, su madre para preguntar qué tal y contarme que había hablado con ellos y que volvían enseguida, riiiing, riiiiiing, mi padre de nuevo para confirmarme que sí, que le quedaban DVDs de Supernanny y que me guardaba uno. Os imagináis la escena, ¿no? Guille atacado de los nervios de sueño, y cada vez que medio se relajaba sonaba un teléfono o le hacía una monería su hermana... Pero no hay mal que cien años dure y al final Sofía se ha entretenido con sus Legos, el teléfono ha descansado un rato y Guille por fin se ha podido dormir. Y yo tan contenta de estar apañándome sin pedir ayuda.
Sofía tiene hambre, nos tomamos una leche con galletas. Antes de acabársela, Guille se despierta (a este niño las siestas diurnas le duran una media hora, con suerte) También tiene hambre, claro. Le preparo su zumo. Sofía, que jamás ha querido saber nada de zumos, ve a su hermano y quiere probar también. Lo prueba, pone cara de asco y me lo devuelve. Hombre, la naranja estaba un puntito ácida pero buena... pues nada, no quiere saber nada más de zumo. Se termina su leche (en taza, ¿eh? lo del bibe parece que ha pasado definitivamente a la historia, y Guille en vaso de aprendizaje, que ya que el bibe no le entusiasma mucho, eso que nos evitamos) Después del pequeño aperitivo, la cosa se pone fea. Guille ya no aguanta tanto rato en casa y, por suerte, Sofía esta vez está de acuerdo en salir. Nos preparamos y el peque está cada vez más nervioso. Abro la puerta y, mecánicamente, busco mis llaves
en el bolso... ¡no están! rebusco bien, miro en los bolsillos de la ropa de hoy, en la de ayer, en la mesa, en la estantería... busco por todas partes y ¡las llaves no están! (música de fondo: buaaaaaa, buaaaaaaaa, buaaaaaaaa) Bueno, vale, pues sin llaves. Ya le pediré las suyas a mi padre... uy, pero si yo no quería pedir ayuda hoy... bueno, es un caso excepcional, y a situaciones desesperadas, medidas desesperadas, ¿no? Dicho y hecho, nos vamos hacia casa de los abuelos, pero como se pasa por un parque... pues allá que se queda Sofía (por cierto, si pillo al ##### #### ## #### que había roto una botella de cerveza en pleno parque infantil llenando toboganes y demás de cristalitos le estampo una, no, cien botellas en la cabeza por listo) A lo que iba, que Sofía no parecía tener el más mínimo interés por salir del parque así que llamamos al abuelo que nos baja las llaves y ya de paso se queda un ratito con nosotros y hasta nos acompaña de vuelta a casa. De verdad que yo no quería pedir ayuda, pero las cosas como son, con el niño muertito de hambre y sus verduritas sin hacer (las toma desde ayer y se las come como si llevara desde que nació con ellas), aunque Sofía se estaba portando muy bien, me ha venido de perlas la ayuda del abuelo para entretenerlo mientras le preparaba el puré. Ya con el niño comiendo y el abuelo con el abrigo puesto para volverse a su casa ha llegado el costi y todo ha vuelto a la normalidad.
En resumen. Que sí, que puedo quedarme sóla con mis hijos, faltaría más, que nunca le he puesto ni media pega al costi para que se fuera, que no se me da tan mal (lo de las llaves ha sido una situación excepcional, no suelo perder cosas de hecho), pero que ¡no me dejéis sóla otra vez! bueno, seamos serias, está bien, alguna vez que otra no pasa nada, pero es cierto, estoy malacostumbrada. Supongo que para algun@s de vosotr@s esta será la situación normal y lo mio os parecerá una tontería. Y es que a todo se hace una, y yo me he hecho a tener siempre al padre de las criaturas al lado y a los abuelos disponibles. Y si los abuelos no vivieran tan cerca o no estuvieran tan gagá con sus nietos que si pasan más de dos días sin verlos ya andan con la morriña puesta, o si a mi marido no le hubieran ofrecido un puesto fijo en Zaragoza cuando nació Sofía y siguiera viajando y pasando dos o tres noches fuera todas las semanas, pues nos habríamos hecho a eso, y así nos habríamos organizado.
¿Cuál es vuestra situación? ¿cómo os organizáis? ¿contáis con la ayuda de los abuelos? ¿o sois de l@s que pensáis que eso es abusar y que no es su función? (queda pendiente el post sobre esto, no me olvido) ¿os quedáis a menudo sólos con vuestros hijos? ¿cómo lo lleváis? ¡Contadnos!