Dichosos remordimientos
Tiene gracia. Normalmente cuando un padre se toma un día o un rato
libre para sus cosas, se va tan tranquilo y estoy convencida de que ni
se acuerda de sus hijos. Sin embargo nosotras somos madres hasta
durmiendo. Todo esto viene a cuento de que hoy he empezado mi primera
clase de danza del vientre. Pero ha sido por los pelos porque tenía a
la niña en plan impertinente, no quiero comer, solo si me da mamá,
ahora que me da mamá tampoco quiero comer. Total, que hemos acabado con
ella tardísimo y aún quería que le diera yo el biberón, y entre tanto
tenía que darle el pecho a Guille, ducharme, cambiarme... y menos mal
que andaba yo confundida con la hora y pensaba que empezaba media hora
más tarde de lo que realmente era, si no no voy.
El caso
es que al final, venciendo las reticiencias de los dichosos
remordimientos del título, me he animado y me he ido, rapidito porque
llegaba ya justa de tiempo. Pues menos mal que he ido rapidito. He
llegado y ya estaban todas meneando la cadera. Miro el reloj y aun no
eran y veinte. ¿No era a y media? pregunto yo. Pues no, a las 4... ah,
mira que bien. Bueno, no importa, me incorporo a la clase y ya está.
Menos
mal que he ido. Me ha sentado fenomenal. No sólo por el ratito de no
ser mamá sino una persona individual, con un cuerpo y una mente
individual, y no al servicio de todo el mundo. Me ha sentado bien por
el ejercicio, aunque ahora voy machacada. Creo que lo de llevar los
hombros tan cargados no es normal, es porque algo hago mal, tengo que
mejorar la postura, pero bueno, solo ha sido la primera clase. La zona
del bajo vientre también la llevo algo machucadita, pero eso sí que es
normal, no recuerdo haber trabajado nunca tanto la musculatura de esa
zona...
Pero no me enrollo con los detalles de la clase,
que por otra parte, al ser la primera ha sido un poco sosita, claro,
hay que coger los movimientos básicos antes de hacer virguerías... El
tema del artículo era más bien el de esa sensación rara que se nos
queda a las madres cuando nos animamos a hacer algo sin hijos. Seguro
que a vosotras también os pasa. Tenemos que aprender a desconectar un
poco más de esta faceta de nuestra vida. Y eso que yo me he ido dejando
a Guillermo tranquilamente dormido. Sofía se ha quedado llorando toda
mimosa, llamándome, pero sabía que su padre enseguida la entretendría
con algo y se le pasaría la tontería, como así ha sido.
Y
el caso es que en la clase he estado tan entretenida tratando de mover
la cintura sin menear la cadera o viceversa que ni me he acordado de
marido ni hijos ni nada de nada, así da gusto. Y además al salir he
llamado y superpapá lo tenía todo bajo control así que muy bien. A ver
qué tal al próximo domingo.
Pero bueno, a lo que iba
yo. Que lo de hacer alguna actividad de forma individual es totalmente
recomendable y deberíamos hacerlo todas (vale, y todos) Al costi le he
dicho que se apunte a algo si quiere pero está con su típica astenia
otoñal y no le apetece nada. Ya le he comprado un suplemento vitamínico
a ver si se me espabila el hombre.
Contadme qué cosas hacéis vosotr@s para desconectar de la rutina diaria. Nunca vienen mal nuevas ideas...