Excursión frustrada
Ays, ¡si es que no se puede viajar con niños! Hacía días ya que me apetecía una escapadita a mis adorados Pirineos y nunca encontrábamos el momento. Tampoco terminábamos de decidirnos por el sitio, pero consultando el libro
"Guía para viajar con niños por Aragón" (que aprovecho para recomendaros) vimos algo que nos apeteció. No es propiamente Pirineo, porque queda más al sur, pero es una zona

bonita y proponían paseos en lancha por el río
Noguera-Ribagorzana, que discurre al fondo de un estrecho desfiladero. Aguas tranquilas, paisaje bonito... vale, nos apuntamos con los peques.
Primer problema a solucionar. Los mareos de Sofia. Menos mal que hace ya tiempo que descubrí el
Cocculine, (homeopatía, de laboratorios Boiron) que si bien no hace milagros, la mayor parte de las veces sí consigue que no se maree la pobre. Eso siempre que no se nos olvide que salir de viaje justo después de tomar un bibe de leche es vomitona segura. Esta vez fue de las buenas. Sofía no se mareó y además tuvimos ocasión de estrenar el DVD para el coche que nos habían traído los reyes magos. Gran invento. Fue tan entretenida todo el camino mientras su hermano dormía como un ceporrín en su nueva silla para el coche (otro día hablamos de seguridad en la carretera). Viaje fantástico, pues. Eso sí, salimos un poco tarde de casa, pero bueno, íbamos con niños... no se puede esperar encima salir tempranito. Llegamos a
Benabarre cerca de la 1. Sofía ya tenía hambre y llevaba un ratillo pidiendo leche. Guille había ido tan a gusto en el coche que ni se había acordado de comer pero por la hora ya tenía que ir muertito de hambre así que lo primero buscar un restaurante. Bibe para Sofía, teta para Guille y pequeño refrigerio para los papis. Ya puestos vamos pasando al comedor. Ñam, ñam, hasta Sofía comió más o menos bien (para lo que es ella, vamos) Pedimos unos entrantes y se zampó todas las croquetas que había y un filete de jamón serrano. Luego ya no quiso más comida pero bueno, aún se tomó un yogur de postre. Guille guerreó un poco pero en cuanto tomó un poco más de leche se quedó por fin tranquilo.
Allí mismo preguntamos por los paseos en lancha. Ooops, la oficina de turismo no abre hasta el día 15 de julio (domingo), y con ella las actividades. Estamos a sábado 14, ¡qué casualidad, ¿no?! y también estos de turismo podrían abrir con el fin de semana y no sólo con el calendario... pues nada, preguntamos por otros sitios donde se pueda ir con niños y nos indican algunos. Encontramos uno de ellos, una pequeña ermita rodeada de un gran parque en zona boscosa, donde estamos un rato y Sofía aprovecha para columpiarse un poco. Mi marido ve un cartel que indica una fuente y un mirador pero al ir con peques decidimos ir con el coche. Ni cortos ni perezosos nos metemos por una pista de tierra que por momentos se iba convirtiendo cada vez más en camino de cabras (claro, está pensado para ir andando, no en coche, pero tampoco indicaba en ningún cartel que estuviera prohibido a vehículos). Después de triscar un buen rato por el monte y escoger en un par de desvios el camino que parecía más adecuado, nos damos cuenta de que no estamos llegando a ningún sitio ni tenemos ninguna certeza de hacerlo. Aprovechamos un espacio amplio donde podíamos dar la vuelta y, vista la hora, decidimos ir volviendo para casa. Menos mal que tanto Sofía con su DVD como Guille mirándolo todo con ojos como platos, iban tranquilos y felices.
De vuelta a Benabarre nos paramos un momento en la gasolinera más cercana para comprar agua y darle a Guille su tetica y hala, de vuelta para casa. Ni vimos Benabarre (muchas cuestas y Sofía que no quería caminar), ni pudimos hacer el paseo en barco, ni encontramos la dichosa fuente y mirador... menos mal que comer, comimos bien (en el
Hostal Mars, en la calle Viciente Pinies, por si algun@ vais por allí: bonito, buena comida y excelente trato, totalmente recomendable).
Decidimos ser positivos y tomarnos el viaje como de turismo gastronómico.El viaje de vuelta, por fortuna, también fue tranquilo. Esta vez fue Sofía la que durmió casi todo el camino y Guille fue despierto pero encantado de la vida de ir en coche.
Conclusión. Viajar en familia es agradable pero con niños tan pequeños ¡no vale para nada!