¡Alerta, rabieta!
Como lo prometido es deuda, aquí vengo, conveniente informada a contaros mis descubrimientos y experiencias sobre las rabietas infantiles. ¿Qué hacer ante ellas? ¿hasta cuándo se producen? Como siempre, nada de lo que yo pueda contaros aquí será milagroso y cada caso es distinto pero nunca está de más contar con unas pautas generales de comportamiento ante situaciones difíciles, ¿verdad?
Yo siempre he tenido muy claro que ante una rabieta nunca hay que ceder, hasta ahí vamos bien. Ahora bien, llevarlo a la práctica ya es otra cosa. No siempre es tan fácil y, como dicen que lo mejor es conocer bien al enemigo antes de enfrentarse a él, me he estado informando aquí y allá y vengo dispuesta a contaros todo lo que he descubierto:
Las rabietas aparecen cuando las emociones negativas de ira o frustración exceden

de la capacidad del niño para controlarlas. En los niños pequeños, el conflicto entre el impulso por la autonomía y la dependencia continua crea frustración y estrés emocional. Qué vestir, qué meterse en la boca, adónde ir y cuándo marcharse son muchas de las decisiones que los niños pequeños querrían tomar independientemente pero no pueden . Por otra parte, el lenguaje, un medio crucial para la expresión emocional y la autorregulación, es habitualmente demasiado inmaduro para servir de ayuda. Sin embargo, en los niños mayores, las rabietas pueden ser una conducta aprendida, reforzada por la adaptación de los padres o, paradójicamente, por la intensa atención negativa que despiertan.
Es importante, por tanto, no hacer ningún caso a una rabieta. Los niños buscan siempre llamar la atención y si descubren que con una buena pataleta consiguen que sus padres estén encima de ellos, repetirán con más frecuencia este comportamiento. Sin embargo, si aprenden que, por mucho que chillen, nadie les va a hacer ningún caso, sus explosiones de ira serán muchas menos. Sólo una salvedad. Hay que controlar siempre que el niño no pueda hacerse daño ni hacérselo a nadie. Si es así, sí que hay que retirarlo de la situación de peligro o retirar los objetos con los que se pueda dañar, aunque eso sí, sin decirle ni mu.
Otra cosa que he aprendido, y que de hecho tiene toda la lógica, es que es inútil tratar de dialogar con un niño enrabietado. Es preferible esperar a que se le pase la rabieta y después explicarle con calma, y procurando siempre no subir la voz, que ese comportamiento ni es correcto ni le va a servir para conseguir lo que quiere. Hay que mostrarse enfadad@ pero no hacer excesivo hincapié. Una vez dada la explicación no beneficia a nadie andar recordándole al niño su rabieta una y otra vez.
Lo que sí es importante es ser firme en el NO. Si se ha dicho que no a algo y por eso el niño ha cogido una rabieta, lo que no se puede en ningún caso es ceder, y menos hacerlo porque la rabieta ya esté durando demasiado, con ello sólo conseguiremos que la próxima vez el niño aguante más tiempo pensando que así logrará su objetivo. Los niños rápidamente distinguen entre los “Noes” duros, como “no se

juega con los cuchillos”, y los “Noes” blandos del tipo no hay galletas antes de cenar, y rara vez sufren rabietas a causa de los primeros. Ignorar es una manera efectiva de impedir las rabietas o, al menos, de evitar reforzarlas. En algunos casos, sin embargo, dejar a un niño en medio de una rabieta puede hacer que éste se sienta más descontrolado y que suba de tono. Además, cuando los padres empiezan a ignorar las rabietas, éstas pueden intensificarse durante un período de días o incluso semanas antes de empezar a ceder. Lo malo de esta teoría de ignorarlas es cuando te pilla fuera de casa, ¿verdad? con todo el mundo mirando y los típicos comentarios hacia la criatura "ay, pobrecita"... ¿pobrecita? ¿la borrega esta? el colmo me paso hace poco, en plena calle, Sofia como loca y una señora que se para con la susodicha frasecita y encima añade "¿te compro unas chuches?" y menos mal que aun tuvo la cabeza de preguntarme a mí y le dije que no, claro. Lo que faltaba ya, la niña coge una rabieta y le premian con caramelos...
Pero ¿hasta cuándo pueden durar las rabietas? ¿qué frecuencia es la normal? Según he encontrado en el
temario de psicología de donde he sacado la mayor parte de la información de este post:
El 50-80 % de los niños de 2-3 años tienen rabietas al menos una vez a la semana y el 20 % al menos diariamente. El 60 % de los niños de 2 años con rabietas frecuentes continuarán teniéndolas a los 3 años. De éstos, el 60 % continuarán haciéndolo a los 4 años.La prevalencia de rabietas explosivas permanece aproximadamente en el 5 % a lo largo de toda la infancia.
Uff, un 60% es mucho, ¿no? Aunque habla de niños con rabietas frecuentes,

supongo que en la mayoría de los casos irán remitiendo mucho antes con la estrategia de ignorarlas... no sé, ya os contaré. Sofia todavía tiene unas cuantas, aunque la verdad es que le pasa más cuando está muy cansada o tiene hambre. Yo la verdad es que siempre me he negado a ceder ni un ápice cuando se pone burra pero no siempre lo he conseguido, y lo que sí hago a veces es tratar de negociar con ella. Es difícil cuando está como una loca pero en cuanto veo que se calma un poco me suele funcionar ofrecerle alguna otra cosa a cambio de lo que quiere (por ejemplo jugar con algo que le guste mucho o cosas así, nunca regalos materiales, según las, casi siempre, sabias enseñanzas de supernanny)
En cualquier caso, del mismo temario de psicología he sacado también algunas estrategias más para limitar el número de rabietas:
Poner la casa «a prueba de niños», con objeto de reducir el número de ocasiones en que los padres se ven obligados a decir que no.
Permitir que los niños pequeños realicen pequeñas elecciones frecuentes, todas dentro del terreno de lo aceptable. Algunos ejemplos: darle a elegir si quiere tomar la leche en el vaso azul o en el rojo, que escoja si prefiere el yogur de fresa o de limón, permitirle escoger entre dos o tres conjuntos de ropa cuál prefiere ponerse...
Asegurarse de no amenazar la autoestima del niño con declaraciones humillantes después de la rabieta. Los padres deben hablar de “perder el control” en lugar de “portarse mal” y evitar hablar mucho de la rabieta después.
¿Qué os parece esta pequeña guía? ¿la encontráis útil? ¿algún otro consejo con el que
podamos completarla?