En periodo de adaptación
Últimamente me ha dado más que nunca por pensar en cuánto ha cambiado mi vida en los dos últimos años, no sé por qué será... ejem... vaya, la verdad es que la llegada del primer hijo te cambia totalmente la vida, está claro. Pero la del segundo es algo distinto. Igual el cambio ya no es tan drástico porque al fin y al cabo ya se produjo con el primero, y teniéndolos tan seguidos como yo, la verdad es que para cuando nace el segundo aún no has podido recuperar algo parecido a tu ritmo de vida anterior. Y sin embargo... no sé, no digo que lo haya notado más que con Sofía, pero es algo totalmente distinto. Con el primero porque eres novata y todo te viene

grande, y con el segundo, que ya tienes experiencia y vas mucho más tranquila, te encuentras con que no puedes dedicarte a él todo lo que te gustaría porque tienes que repartirte. Cuántas veces he pensado eso de "si hubiera sabido con Sofía lo que sé ahora..." es cierto, con ella me agobiaba mucho más, si estaba sóla con ella no me atrevía ni a ducharme aunque estuviera como un tronco, me esperaba a que viniera alguien a casa para hacerlo. Y así las mil y una... en fin, que está claro que la experiencia es un grado.
Mispeques me preguntaba si no me pide Sofía coger en brazos a su hermanito. En realidad sí, pedirlo sí que lo pide, pero en cuanto se lo acerco se arrepiente y recula con cara de susto. Bueno, un día aún se animó. Le dije que si se lo pasaba a su padre y dijo que sí, toda voluntariosa ella. Así que se lo puse en los brazos y entre las dos se lo pasamos al papi. Entre las dos porque ella es muy pequeña todavía, claro, como para dejárselo a ella sola... le había cogido muy bien, pero del culete, así que si no llego a cogerle yo la cabecita imaginaros cómo habría llevado a la pobre criatura...
Pero bueno, la verdad es que se va adaptando muy bien a su tato. Ya pregunta por él, le mira, señala y nombra las orejas, boca, ojos, manos, pies... en fin, las partes del cuerpo que se sabe. El otro día que vinieron los abuelos de visita como su yayo no le hizo caso al peque por estar con ella, lo cogió de la mano y lo llevé hasta su moisés chillando "¡ille, ille!" (esta chica no pronuncia palabra completa, oye) Alguna vez todavía nos manda echarlo a dormir pero bueno, van siendo menos.
Pero las cosas cambian, ya lo creo que cambian. Salir de casa con uno ya era complicado, que si ahora tiene hambre, que si hay que cambiarle el pañal... pero bueno, según se van haciendo mayores cada vez es más fácil. ¡Pero con dos ya es un circo! si no le toca la hora de merendar a la una, el otro está ya revolviéndose porque empieza a tener hambre, o se ha manchado, o está llorando desesperadamente porque tiene gases... como para quedar a una hora concreta, vamos. Pero lo más divertido es cuando se me junta la hora de comer de los dos. Todavía no tengo tanta práctica dando el pecho como para hacer otras cosas a la vez (sé que se puede, lo he visto...) así que hay que ir turnándose. Que Guille llore un poco mientras acabo con la comida de su hermana. Luego le doy a él antes de darle el yogur a Sofía... Intento dejarlo tranquilo en su cuco para ir a por el yogur... no se queda tranquilo, tiene gases, los expulsa... lo acuesto de nuevo... Sofía reclama su yogur, se lo empiezo a dar, Guille vuelve a llorar: tiene más hambre, no había terminado el pobre, sólo había hecho una pausa... ¡argh! ¡que me estreso sólo de leerlo! En fin, a ver si el peque va cogiendo ya unos horarios y alargando el tiempo entre tomas, que por ahora va muy caótico todavía. Lo mismo te pide a las 3 horas que a las 2 o a las 4, o acaba de comer y ya está pidiendo otra vez porque se ha soltado pero se lo ha pensado mejor y quiere más.
Así que sí, Guille tiene ya más de 20 días (¡cómo pasa el tiempo!) y por aquí seguimos en período de adaptación. Os seguiré contando cómo va todo.
Y releyendo este post veo que lo he escrito un poco raro, también, como muy acelerado todo, ¿no os parece? será el acelerón que llevo encima para acabarlo antes de que el renacuajo me pida comida de nuevo...
Bueno, poco a poco iré recuperando cierta normalidad, supongo, y mis post volverán a ser algo más ortodoxos también... ¡espero!