De vuelta a casa
Bien, por fin había llegado el momento. Ardía en deseos de volver a casa y ver a mi pequeñita, observar su reacción al verme después de 3 días, al ver a su hermano... El trayecto a casa fue perfecto. Guille dormido como un tronco en el coche y durante un buen rato más. Genial, así pude achuchar a gusto a Sofía. Nos habíamos echado mucho de menos... vamos, ni que hubiera pasado un mes en la Patagonia pero sí, se les echa de menos, aunque sea sólo unos diítas. Después de besuquearla un rato, le pregunté si quería ver a su tato... respuesta clara: no. Bueno, poco a poco...

pero no, efectivamente, de momento no le hizo ni caso al pobre, peeeeroooo teníamos un as en la manga: en algún sitio había leído que una buena idea para suavizar ese momento es que el hermanito le lleve a su herman@ mayor un regalito al llegar a casa y nos pareció buena idea así que Sofía recibió de Guille un peluche de su personaje de dibujos animados favorito: Totoro. ¿Resultado? a Guille siguió sin hacerle ni caso pero se entusiasmó con su peluche y ya no lo soltó en un buen rato, concretamente hasta que empezó a reencontrarse con sus otros juguetes. Parece mentira pero había estado apenas tres días fuera de casa y los redescubría como si hubieran pasado semanas...
Entre tanto Guille se despertó para comer y yo me temí que ahí empezaran los celetes. Pero no, Sofía siguió sin hacerle ni caso. Estaba con sus juguetes y con todos los abuelos, que se habían juntado en casa para ver al pequeñajo (aunque luego le hicieron más caso a Sofía... normal, el uno durmiendo como un ceporro y la otra haciendo monerías...)
Por lo que estoy contando pensaréis que Sofía está ignorando olímpicamente a su hermanito pequeño pero no, de hecho enseguida empezó a vencerle la curiosidad, se asomó a mirar dentro del moisés... descubrió que tiene ruedas y que, por tanto, se lo puede llevar por toda la casa... en fin, esas cosillas...
¿Pelusilla? bueno, una poca, la verdad. La pobre ha pasado de golpe de ser el centro de su pequeño universo a tener que compartir su posición privilegiada con un moñaco que ha aparecido de repente. Por ahora lo lleva bastante bien porque Guille duerme mucho y mientras duerme no le molesta, claro. Habrá que ver qué pasa cuando empiece a estar más ratos despierto, a reclamar más nuestra atención, y ya no digamos cuando empiece a gatear o a dar sus primeros pasitos... sí, ese momento destroza espaldas en que te pegas todo el día con el espinazo doblado acompañando sus primeros intentos de andar...
La verdad es que esta chica tiene su mal genio, indudablemente, pero las cosas como son, tiene buena pasta. Cada vez siente más curiosidad por su tato. Ya empieza a acariciarle la cabecita, se entretiene buscándole los ojos, nariz, orejas, boca... en fin, todas las partes del cuerpo que se sabe. Y a veces hasta lo llama o lo busca (pocas pero bueno, alguna vez sí) El momento más complicado para ella es cuando le estoy dando el pecho. Entonces normalmente se le antoja que ella también quiere "eche" y claro, se la tengo que dar yo... pero parece que ha entendido que el pecho sólo se lo puedo dar yo y normalmente se conforma con sentarse a mi lado y que le de la mano. Por supuesto yo le voy hablando a ella y procuro que no me note muy pendiente del peque. Eso sí, en cuanto termino lo manda con papá, con yaya, con yayo, o con quien sea que esté en casa con nosotros en ese momento. Y si no a "mimir". Pobrete, si por ella fuera estaría durmiendo ininterrumpidamente las 24 horas...
En cuanto a mí... pues bueno, no me quejo. Mi recuperación del parto ha sido fantástica y súper rápida (menos mal) y bueno, lo de no dormir del tirón pues cuesta, la verdad, pero más o menos lo vamos llevando. Unos días acabamos más

cansados que otros, en función de cómo se porten los peques. El cansancio te hace estar también más susceptible y, por tanto, es más fácil caer en discusiones tontas con la pareja y también perder la paciencia con Sofía y Guille. Sobre todo con Sofía, que, como es lógico, también está más tontina de lo habitual y requiere más mimos. Pero bueno, esto es cuestión de tiempo y yo confío en que Guille enseguida empiece a alargar sus períodos de sueño nocturno entre toma y toma como hizo Sofía (sí, lo sé, no es lo habitual, pero la esperanza es lo último que se pierde)
Ah, por cierto, que no se me olvide el aplauso para el papá de las criaturas, que, como ya hizo con Sofía, me está ayudando un montón. Esta vez no puede darle de comer a Guille (y Sofía sólo me deja a mí, dichosa mamitis...) pero cambia ropas, pañales y lo que haga falta. Ah, y está haciendo más cosas en casa en yo, que no doy abasto con las dos fieras. Aunque ya está decidido, no podemos seguir ocupándonos nosotros sólos de todo. Hemos buscado ayuda para la casa. Mañana mismo empieza... la verdad es que éramos un poco reacios a la idea pero al final necesidad obliga. A todo no llegamos y la casa siempre se queda la última, la pobre.
Os seguiré contando mis peripecias como mami doble... ah, y ¡agradeceré todo tipo de sugerencias para hacer frente a la nueva situación!