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MALDICIONES COTIDIANAS

Reflexiones críticas de la realidad subyacente

  • ¿Dónde lo guarda...?

    No sé, no sé. Llámame enferno mental, pero cuando va corriendo con ese feo vestido rojo... ¿A quién más le parece un travelo?... ¿Dónde lo guardará...?

    Surprise

     

    http://www.los40.com/video/actualidad/Conchita-guardo/pmdvidvid/20090911l40l40act_1/Ves
  • Café con leche, dos porras y... ¡GOKU!

    Llevo un par de meses desayunando una o dos veces por semana en un bar de Algete. Es un bar situado en el polígono, con una larga barra donde tomarse el cafelito o el solisombra y una espacio reservado para comedor, con sus correspondientes mesas cuadradas, manteles y sillas. Vamos, lo que viene siendo el típico bar de toda la vida; donde pides un cortao y te lo ponen, puedes comprar tabaco (¡y fumarlo!) y gastarte las vueltas en la máquina tragaperras.

    Los camareros, bastante majetes, llevan el uniforme de camarero castizo: zapatos negros, pantalones y chaleco a juego, y camisa blanca con el cuello abierto y remangada hasta los codos. O sea, camareros a los que se les chista y luego se añade esa palabra tan cañí para calificar a la autoridad:

    - Tss... ¡Jefe! ¿Qué te debo?

    Los parroquianos son los que te puedes encontrar en cualquier bar a las ocho de la mañana: curritos de diversas artes y oficios que se toman un café después de pegarse el madrugón a las cinco, una pareja de comerciales (él con traje y corbata, ella sin quitarse la bufanda que hace frío), una madre que acaba de dejar a los niños en el cole y se va a trabajar, un par de estudiantes en prácticas que pagan el café antes de tomárselo, tres o cuatro jubilados (o pre-junilados) que siguen desayunando en el bar desde hace 20 años o más, y algún despistao que pasa por allí, como yo.

    Y lo mejor, la tele.

    El otro día, mientras unos parroquianos hablaban con los camareros de un altercado con la policía, en plena época de la Transición, observo cómo uno de los camareros (diríamos que talludito de edad) asentía mecánicamente a sus interlocutores mientras secaba un vaso de tubo. La razón: estaba absorto viendo Dragon Ball Z.

    ¡Qué maravillosa es la postmodernidad!

  • Agonías

    Los agonías son una especie merecedora de la extinción social, por el bien del resto de la Humanidad. Deberían recluirse en monasterios de clausura para rezar eternamente por las úlceras sangrantes que provocan a quienes los rodean.

    El otro día fui a hacerme unos análisis de sangre. Excesos que comete uno en los pocos ratos de loca y desenfrenada juventud que aún le quedan y que desembocan en un estricto control sanitario. Pa lo que hemos quedao. En el ambulatorio de mi barrio, dizque periférico, te dan cita para el momento vampírico con fecha, hora y número de orden, pero la chica del mostrador, muy simpática ella, te dice: "Ven a las ocho en punto y pides la vez". Como si fueras a la carnicería que hay dos calles más arriba. Aunque en el papelito que te da pone claramente: "Día tal, hora 08:20, Orden nº 6", pero tú vas a las ocho de la mañana con sueño, hambre y un frío del carajo, y pides la vez.

    Hasta que llega el agonías que no puede faltar cada vez que se juntan en un mismo sitio más de 3 personas. "¿Cómo que hay que pedir la vez? Si a mí me pone una hora y un número de orden", éste es el típico que su mujer le pide cita para el médico porque es un inútil, luego hablará mucho en el bar de coches y fútbol, pero es un completo inútil. "Vamos a ver", le digo, "la chica cuando te da el papelito te dice que tienes que estar aquí a las ocho y pedir la vez". "Pues no lo veo bien", responde," a mí me pone en el papelito que a las 08:21, Orden nº 7". Será gilipollas, si aún así vas detrás mía, ¡so melón! "No, no", interviene un abuelillo que no paraba de andar en círculos para no congelarse, "aunque te ponga lo que te ponga en el papelito, si llegas a un sitio y hay gente, tienes que pedir la vez, ¡sólo faltaba!", sentencia el providencial espontáneo guiñándome un ojo.

    Dos a uno y al pinchazo, que hace mucho frío y el agonías se está ganando un capón.