DICHOSO HALLOWEEN
He pasado una temporada en Estados Unidos por razones familiares y recién llegada a Madrid no puedo dejar de observar un fenómeno que se está extendiendo como la pólvora en nuestro país: la importación del dichoso Halloween. Allí, estos días, hay un verdadero tsunami de promoción publicitaria para la venta de golosinas, calabazas y disfraces siniestros. Desde primeros de septiembre el halloween yanqui es todo un fenómeno consumista.
Y aquí también lo observo en los escaparates de los grandes almacenes y en las tiendas de chuches. Los chinos, que son unos avispados comerciantes, venden atuendos de esqueletos y caretas de zombis por 2 euros y muestran calabazas –es la época de esta hortaliza- desdentadas.
En casa no entramos en este juego de la noche de las brujas, aunque mis hijos han sido invitados a fiestas de disfraces y los niños del vecindario vienen a pedir caramelos con el “truco o trato”. Si te paseas por ciertos barrios de Madrid y a la salida de los colegios verás pequeñas brujitas, hadas malas, diablillos y, sobre todo, zombis y vampiros, tan de moda entre los teen por la televisión y el cine.
Cuando yo era pequeña, en el colegio leíamos las leyendas de Bécquer –que a mí me hacían temblar- y en la tele ponían “Don Juan Tenorio”, cuya escena del convidado de piedra nos estremecía de miedo. Y recuerdo que me costaba dormir también en la noche de Difuntos. Aparte de esos sentimientos infantiles, estas fechas se recordaban con un tono religioso y no como algo festivo y supersticioso.
Hay una película sobre el tema, que tengo que confesar que me divierte mucho, que se llama “El retorno de las brujas”, donde una de las hechiceras que resucitan en el mundo actual dice: “Hermanas, ¡halloween se ha convertido en una frivolidad para que se diviertan los niños!”.
Pero la gran frivolidad es jugar con la trascendencia del más allá. Una manera de tomarse a broma algo como la muerte, tratando de no pensar en la gran Verdad de nuestra existencia: la de que algún día seremos cadáveres y nos encontraremos cara a cara con nuestro Creador.
Yo, por eso, y mucho más detesto el halloween y me niego a tomar parte en la pantomima general.