EL VESTIDO DICE COSAS
Suelo viajar en metro muy a menudo. Es un medio de transporte que me encanta: leo, juego, escucho música y hasta rezo. También observo al personal y, claro, ahí veo de todo. En estos días en que el calor se nos ha echado encima, el espectáculo visual a veces es bastante grotesco: atuendos que están bien en la playa en plena ciudad, chanclas de goma, shorts ajustados, escotes hasta el ombligo… pero es que con frecuencia los pies están sucios y descuidados, hay celulitis en los muslos y vello en las axilas. Seguro que estas personas sin sentido del ridículo no irán precisamente a la playa, sino a trabajar, al médico, a hacer alguna gestión o simplemente de compras. ¿Por qué, entonces, no adecúan su vestimenta al escenario?
Hace poco, el movimiento “slutwalk”, surgido en algunas ciudades a raíz de que se dijera –injustamente por cierto- que ir vestida como una fulana provoca la violación, protestaba por asimilar al vestido a las agresiones contra las mujeres. Sin embargo, no se ha oído ni una sola voz en contra de las mujeres obligadas a vestir el burka en tantos países musulmanes, practiquen o no esta religión.
También recientemente hemos sabido de la prohibición en Barcelona a ir semidesnudos por la calle o en traje de baño, como en otros países a mostrar la ropa interior en lugares públicos.
Lo que es de sentido común, y que hay que transmitir a los hijos y a las hijas, es que el vestido dice cosas. Vestir de determinada manera trasmite cómo somos, qué nos gusta, cuáles son nuestras prioridades y hasta qué pensamos de los demás. El vestido actúa como un cartel de declaración de intenciones. No sólo nos ponemos la ropa para protegernos del frío o del calor, sino para sentirnos guapos, cómodos o adecuados en un entorno determinado. Esto lo saben los grupos o las tribus urbanas, cuyo vestuario sirve para identificarse entre ellos: los góticos, hippies, yuppies, rastafari…
La vestimenta es también un modo de relacionarnos con los demás y de mostrarles nuestro aprecio: vamos a una boda vestidos de fiesta por respeto a los novios, a una presentación de un libro u otro acto social con chaqueta y corbata, etc.
La filosofía actual del “todo vale si a mí me gusta” y por supuesto de “yo visto como quiero”, sobre todo entre los jóvenes, hace difícil distinguir a una persona de otra y puede llevar a confundir roles, como en el caso de la vestimenta de las prostitutas. Qué duda cabe que el vestido ha ejercido siempre, y eso está en la naturaleza humana y no se puede cambiar, un atractivo especial hacia el otro sexo, y no hay que chuparse el dedo y no negarlo.
Nuestros hijos ven en el ambiente todos estos estímulos y muchas veces no saben cómo actuar. Por eso es urgente aprender modas y modos y darles pautas. Por cierto, acabo de saber que una revista de moda y cultura, Asmoda (www.asmoda.com), ofrece cursos de protocolo y moda dirigidos a gente joven, Fashion 4U.