JÓVENES CASTOS, HOY

Publicado 29 abril 11 12:21 | madrecienporcien 

De vuelta de las vacaciones de Semana Santa, me ha asombrado que se hable de castidad últimamente en los medios de comunicación. No es un valor precisamente de moda.

Hace muchos años, cuando con ocasión de un Congreso de Familias Numerosas que se celebraba en Madrid, fue invitada a participar la Madre Teresa de Calcuta, una periodista le preguntó qué les quería decía a los jóvenes españoles. Ella, sin dudarlo, respondió: “¡Qué vivan la pureza!”.

Ahora, se han atrevido a decirlo también unos obispos canadienses, que han enviado una carta a los jóvenes de su comunidad que, lógicamente, vale para todos. En ella, les animan a descubrir la alegría que conlleva vivir la castidad según el estado de cada uno.

“Queridos jóvenes: ¡No tengáis miedo de Cristo! Él no quita nada, y lo da todo. Quien se da a él, recibe el ciento por uno. Sí, abrid, abrid de par en par las puertas a Cristo, y encontraréis la verdadera vida”-dicen aludiendo a Benedicto XVI en la misa de inauguración de su Pontificado. Algo muy parecido proclamó recién elegido Juan Pablo II en 1978.

Una de las manifestaciones de no tener miedo es vivir la castidad con optimismo. Dar rienda suelta al instinto –como se aconseja implícita o explícitamente desde muchos ambientes- por el contrario trae infelicidad e insatisfacción a la larga. Porque tanto el cuerpo como el corazón pasan factura.

Mucha gente vive la castidad, incluso no cristianos. No es sólo para los que han dejado el mundo y han ingresado en un convento. Cualquier joven lo puede hacer si se lo propone. El cuerpo es un tesoro, y la dádiva de él corresponde hacerla en el momento y a la persona adecuada. Es una pena que esto suene a chino en muchos ambientes, ya que se fomenta todo lo contrario desde la televisión, el cine y la azarosa vida de los famosos, iconos no sólo de moda sino también de comportamientos bastante lamentables. Y nunca es tarde, porque existe también una castidad del corazón.

La castidad es también para los casados. La fidelidad y la exclusividad del amor, recibir sin egoísmo y sin cicatería el fruto de la unión esponsal, los hijos, es fuente de felicidad. Incluso, humanamente hablando, estar abiertos a vida evita todo tipo de complicaciones íntimas y quebraderos de cabeza que nos hacen desdichados.

Vivir la pureza requiere proponérselo y, sobre todo, cumplir una serie de cosas. Siempre se ha recomendado la oración, los sacramentos de la confesión y de la Eucaristía, y la dirección espiritual. Pero también es importante qué amigos se tiene, qué lugares se frecuenta o qué tipo de ocio se elige. Merece la pena al cien por cien.

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