El "muro" de mi hija
Recuerdo que hace un tiempo lo que hacía furor entre los adolescentes era el messenger: poder chatear a tiempo real con un amigo o con un grupito. Pero algo que nos parecía tan arraigado en los jóvenes (y en los adultos) ha pasado ya a la historia. Ahora es el tuenty, el facebook o el tweety.
Todo el mundo quiere tener su red social, en la que lo principal es mantener una llarga ista de cientos de amigos. Eso da prestigio. Lo demás importa menos. Se presume de conocer a mucha gente, y se entablan relaciones "digitales" que con frecuencia son muy tenues, pues apenas pasan de ser simples conocidos o amigos ocasionales. Precisamente en eso se basan las redes sociales: como una tela de araña que va tejiendo su malla cada vez más amplia, así se alimenta el facebook o el tuenty, con el engrosamiento de la lista de amistades que poco tienen que ver unos con otros.
Mi hija me ha dejado ver su "muro". Divertido pero muy insustancial, ésa es quizás la razón de ser de las redes sociales: fotos con amigas, fiestas, canciones favoritas, juegos compartidos, bobaditas escritas con muchas admiraciones, tartas de cumpleaños y corazones rojos... Nos hemos reído juntas, y hemos comentado la ventaja de estar "comunicado" con gente con la que no tenemos tiempo -desgraciadamente- de quedar. También hemos estado de acuerdo en que no se puede sustituir el cara a cara delante de un refresco o un café, o incluso una llamada de teléfono, con la charleta digital. La informática da inmediatez y facilita las cosas, pero es fría como un témpano y nunca sustituirá el contacto humano.
La red social, cuando se usa como un divertimento, es como la televisión: una opción más de ocio. Me parecen bien, son entretenidas, comentas cosas, te ríes de lo que dice uno u otro, felicitas por los cumpleaños y subes fotos divertidas. Pero, como todo, no te pases con su uso, es muy fácil estar horas y horas mirando esto o aquello, y ahí ya se pierde mucho tiempo cuando no te expones a perder algo más. Y hay que tener mucho ojo con la intimidad, con las cosas que dices o compartes, con quién te ve y quien te pueda engatusar. Mi hija nunca contesta invitaciones que le suenen raras o que no conozca bien, y tiene muy clara la privacidad de su grupo de amigos. En esto, aunque los padres vayamos a años luz de lo que saben nuestros hijos, debemos esforzarnos por darles criterios.