Jóvenes que estudian y trabajan
Sabemos que están ahí, gastando su juventud y viviendo como parásitos, esos chicos y chicas de la generación "ni-ni", que ni estudian ni trabajan. Se escribe sobre ellos en la prensa y he visto reportajes y hasta concursos en la televisión. Son los monstruitos que podemos crear muchos padres perezosos y poco comprometidos.
Pero se habla escasamente de ésos otros, buenos estudiantes que, con su trabajo, se ganan unos euros con los que pagar sus gastos e incluso sus estudios, ayudando así en casa. Los hay repartidores de pizzas, de publicidad en el metro, empaquetadores de regalos o camareros de fin de semana.
Pero no son noticias estos jóvenes alegres, trabajadores, que, incluso, donan parte de su tiempo libre (más costoso que una sustanciosa limosna) a comedores de caridad, voluntarios en hospitales o catequistas en parroquias. Ante tanto friki pendiente de ídolos de moda o de botellón alienante, yo me quito el sombrero ante estos chicos. Los estoy viendo ya preparar con ilusión en sus parroquias, asociaciones juveniles y colegios la llegada del Santo Padre en agosto para la Jornada Mundial de la Juventud. El día que escribo esto están muchos de ellos participando en el Congreso de Jóvenes con Valores, que se celebra en Madrid, y que recoge ponencias y testimonios de gente que ha sido valiente ante la adversidad, que ha rectificado el rumbo de su vida y que ha sabido sacar de los males bienes.
Estimular y saber ofrecer ejemplos coherentes de vida es la manera de que nuestros hijos se integren y colaboren a hacer un mundo mejor, algo tan propio de la juventud, y para que no pierdan, como tantos otros, las ganas de trabajar y de tener metas grandes. Yo estoy deseando ver esta tarde a mi hija y que me cuente cómo le ha ido en ese Congreso de Jóvenes con Valores y qué conclusiones ha sacado.