Ánimo, padres
Comenzamos un nuevo curso y ponemos las cosas claras. Aún hoy, la educación de los hijos recae al 90 por ciento en las madres. Somos las que nos ocupamos/preocupamos del tema escolar, de las rutas, de los menús, de las carteras y los libros, de la ropa, etc. Somos las madres las que actuamos de enlace con los colegios, las que vamos a las tutorías, las que asistimos a las reuniones del APA y, no digamos, cuando los niños se ponen enfermos: allá que dejamos todo por atenderles. Somos las madres las que estamos pendientes de la televisión que ven, de los libros que leen, de sus diversiones, de que estudien, de llevarles y traerles a los cumpleaños de los amiguitos, y cuando son adolescentes a dónde y con quién salen, etc.
¿Y el padre? ¿Qué pinta en todo esto?
Salvo excepciones, los padres con frecuencia van a lo suyo. Ellos están en su trabajo y, si acaso, cuando llegan a casa se ocupan de las cenas, dan alguna que otra orden y ya está. Dirigido no tanto a familias monoparentales sino sobre todo a esos padres que no saben/no contestan, el psiquiatra Aquilino Polaina ha publicado el libro “¿Hay algún hombre en casa? Tratado para el hombre ausente”.
El Dr. Polaino se refiere especialmente, más que a la presencia física en esas cosas cotidianas, a la educación desde el punto de vista afectivo y social, aspectos a los que muchos padres no prestan atención debida. Estar con los hijos significa dedicarles tiempo, aunque suponga renuncias personales de otra clase. Y el tiempo se saca. Muchos hombres estén de manera excesiva metidos en su trabajo y en sus relaciones sociales, dejando a la madre todo el peso de la formación de los niños.
Y ahí dice Polaino:“el fin de la pareja estable es la familia: el trabajo es un medio al servicio de ésta, y si los medios se transforman en fines, la actividad profesional pierde su sentido”. Quizás mucha gente da más importancia al éxito profesional que a su propio triunfo personal y familiar, que va a ser, en definitiva, lo que le proporcione la verdadera felicidad y la estabilidad emocional. Todo esto se consigue con una buena armonía entre los cónyuges y con unos valores bien afianzados, que incluye, como no podía ser de otra manera, cuidar el espacio dedicado al ocio y a la diversión, un estupendo medio para conocer y educar a los hijos. Así que... ánimo, padres, que tenéis todo el curso por delante.