¿Cortesía?Sí, gracias
¿Corte...qué? Educar a nuestros hijos no es sólo llevarles a un buen colegio, sino, sobre todo trasmitirles los padres ejemplos de vida. Esto parece muy grandilocuente, pero en realidad se trata de descender a la vida diaria. Los niños observan cómo nos tratamos los padres: si nos damos las gracias entre nosotros, si pedimos las cosas por favor, si no nos faltamos al respeto en una discusión, si nuestro tono humano es sereno y cordial...
Y la cortesía lleva como por un plano inclinado a la honradez. Hace poco, estuve comiendo en una pizzería con unos amigos y con sus hijos. A la hora de pagar, resulta que se equivocaron en la factura a favor nuestro. Cualquiera, quizás, se hubiera callado, total, con lo que nos quitan por otro lado y los precios abusivos que hay... Nuestros amigos llamaron al camarero y le hicieron ver el error. Éste, muy admirado, le dio las gracias. No estaba acostumbrado a eso.
Pero más que por el restaurante en sí, yo me alegré mucho por el ejemplo que estaban dando a sus hijos, ya casi adolescentes. Estos, cuando alguno de sus amigos les proponga hacer un "sinpa", se lo pensarán dos veces. Hacer un "sinpa" es irse sin pagar de los sitios, y se están poniendo de moda entre los jovenzuelos-bien que, en un descuido, se largan sin abonar la consumición en una terraza o en un bar. La ausencia total de remordimientos e inconsciencia ante una acción tan injusta -quizás no sepan que la factura la tendrán que pagar los propios empleados- es un síntoma de la falta de valores en que se educa tanto en los colegios como en las familias.
A veces los padres, sin darnos mucha cuenta, fomentamos comportamientos rudos o gamberros, porque nos quedamos con algo que nos hemos encontrado, pudiendo devolverlo; porque si nos dan mal el cambio a nuestro favor, nos callamos; porque si rozamos un coche ajeno no dejamos nota en el parabrisas; porque somos muy tacaños a la hora de dar limosna o echar algo en el cepillo de la iglesia; porque exigimos a gritos si pensamos que nos han hecho una injusticia; porque nos llevamos material de oficina del trabajo, etc.
Si en la familia reinan estas virtudes de la honradez, de la generosidad, de la educación con que tratamos a los demás, del respeto por las cosas ajenas y por las personas, nuestros hijos aprenderán del ejemplo, algo mucho más eficaz que los sermones que puedan oir.