Porque me faltan, las siento ausentes, o soy yo la ausente, la que falta a las palabras, intento volver a darme en ellas, a encontrarme en ellas, para sentirme en ellas, con ellas,  viva.

 

Su voz sonaba ausente, su mirada perdida,
sus labios de poeta derramaban amor.
Llevaba la tristeza teñida de alegría,
portaba la sonrisa como quién cuida una flor.

Brotaba de sus ojos aquella agua salina,
del mar de aguas de lluvia que era su corazón.
Su boca, sin palabras, sus labios sonreían,
dejando que sus manos hablasen por su voz.

Mil nombres la llamaban, un nombre ella tenía,
escrito por la lluvia sobre su corazón.

C. R. C. (enero 2011)

Tuvo que cambiar el tono,
mudar el ritmo,
echar mano de la vida,
entonando, junto a ella,
ese canto agridulce,
ese deje que no deja,
de asombrarla,
de anunciarle,
que despierta la dormida.

-Sin pedir nunca permiso,
sin entender cómo llega- 
la domina,


-inundándole los poros,
asomándose a sus ojos-
renacida.

C. R. C. (01/03/11)

Tú, yo, nosotros…
Sí, nosotros, nosotros…
No otros, no él o ella, no.
Nosotros somos, tú y yo.

Tú, al que le pedí que fueras tú.
Yo, a la que a veces se le olvida
que para ser yo, y no ella,
tiene que dejarse ir,
dejarse oír,
dejarse hablar en su yo.

Hoy, yo soy yo, y mi yo echa de menos tu tú.
¿Sabes…? Te imagino…
Mirándome…
Preguntándote quién soy yo.
Preguntándote…

¿Qué me hace ver la luna en las farolas?
¿Qué vi en la palmera dibujándose en la noche?
¿Qué sentía al pronunciar aquellas palabras mías?

Intentaba transmitirte lo que me dicen a mí…
la noche…
la palmera…
las farolas…
el cielo oscuro…
y aquel gemido interior, aquel susurro, aquellas lágrimas,
aquella confesión de no ser yo, aquel llanto reprimido,
al pronunciar mis palabras: “ ...las palabras que me faltan”.

Tú, tú tienes mis palabras, tú besas mis palabras.
Tú eres la palmera, la farola, la noche, la palabra hallada.
Yo soy yo en ti, en mí, en nosotros, soy mis palabras.

C. R.C. (02/03/11)

“No podrá, sólo hay ya una forma, sólo una esencia que encierra las dos sombras.”

 

La sombra de tu cuerpo encierra el todo,

envuelves con tu sombra la nada mía.

La sombra de tu sombra en mí camina,

tú sombra, sombra yo, nos asombramos.

 

Somos sombras los dos, sombras unidas,

escribientes de amor sin usar letras.

Somos sombras que aman, sombras enteras,

somos luz que las sombras ilumina.

 

Caminantes de sombras desunidas,

navegantes de sombras paralelas.

Tú, poema de amor,  esencia plena.

Yo, esencia de sombra, amor encierra.

C. R. C. (07-11-10)

No iba a decir nada

                                       /No digo-no dices-no decimos/

Pretendía no decir nada

                                      /diciendo sin decir/

No siento nada     

                                     /no digo nada-no escribo nada/

nada que no se haya dicho      

                             /nada que no se haya escrito/

nada que no se haya sentido.

 

 

        

                             /Cuando siento-digo-escribo/

cuanto siento-digo-escribo      

                            /fue-es-será/

sentido-dicho-escrito

                                      /escrito- sentido- dicho/

Sintiendo-diciendo-escribiendo

                           /fuimos-somos-seremos/

los que fueron-los que son-los que serán

                            /aquello-estos-los otros/

 

 

Sintiendo

/diciendo/

escribiendo

/nada nuevo…/

pienso… siento…

 

                                               /Me avergüenzo…/

 

 

Me avergüenzo al escribir… algo tan viejo…

                            tantas veces repetido… tan antiguo…

como ese primer llanto… esa primera sonrisa…

/o ese beso que hemos dado… con los ojos… con la boca…

a esa foto, blanco y negro,  de un amor, marinerito, todo vestido de blanco…

 

Todo está ya tan escrito… ¡Somos plagios…!

/Somos plagios, que sentimos, que decimos, que escribimos…/

y lloramos… y soñamos… y hasta amamos…/

Somos simples avatares… /simples plagios…/

 

 

C. R. C. (27-09-2010)

Y pese a ello, que difícil es no renunciar a la sonrisa. Cuanto cansa este ajetreado ir y venir que no lleva a ninguna parte, o peor todavía, que nos aleja de nosotros.

 

Te escribí que, si me preguntasen si soy feliz, contradeciría a Pessoa. Soy feliz. Soy feliz a mi manera sosegada. No necesito de grandes cosas, no necesito grandes celebraciones. Tampoco las rehúyo, pero no me gusta celebrar por celebrar, comer por comer, amar por amar...   Necesito mis tiempos lentos, como ahora mientras escribo, necesito paladear lo que hago, disfrutarlo, apurarlo hasta el último sorbo, aspirar profundamente su aroma, sentirlo plenamente con todos mis sentidos, tocar lo intocable, ver lo invisible. Pero no sólo necesito sentirlo, necesito entenderlo, necesito entender el significado, el motivo de lo que no tiene motivo… necesito pensar… lenta… pausada… indolente… sin prisas… sin apuros… sin tiempos marcados…

 

Te dije un día, que volvería a vivir uno a uno todos los segundos de mi vida, todos los momentos. Si se pudiera viajar en el tiempo, no sólo como un mero viajero, sino que, si de alguna manera, fuese posible retrotraernos físicamente en el tiempo nosotros mismos, volviendo al punto justo en que fuimos zigoto… conscientemente afirmo que no cambiaría nada, ni en la evolución de mis células, ni en lo que ha sido mi vida… tampoco haría nada para repetir lo vivido… VIVIRÍA… viviría… y por supuesto… disfrutaría.

 

¿Recuerdas  mi  rebote ante el VIVE Y DISFRUTA? No soportaba esa actitud de CARPE DIEM… esa futilidad del momento sin pensar en el antes ni el después… Ambas frases, ambos lemas, ambas filosofías de vida,  son válidas para mí… pero no como una huída de lo que nos puede hacer daño, no como un emborracharse del presente sin pensar nada más que en el placer, no como una forma hedonista  de religión paliativa… VIVIR… DISFRUTAR… EL MOMENTO…   suena a VACÍO…  un gran vacío necesitado de llenarse a toda costa… a toda máquina… de lo que sea… cómo sea… girando… eternamente girando… atrapados en el bucle…

 

 

Bucle

 

Se ha completado el bucle del ocho, como la tumba del infinito. Uno y el otro, por ambas veces, vuelven girando sobre sí mismos. Y estrangulándose cierran su centro, vuelta al abismo.

 

 

No importa cuándo, no importa dónde, importa el vacío. Se cierra el  ocho sobre sí mismo. Como una ostra cerrada y estéril. Como el oscuro fondo de un pozo donde  se pierde  todo sonido.

 

Se ha completado, se redondea, se ha estrangulado el giro del círculo.  Se estrecha y ata las dos mitades, ciñe el cilicio. Gira la rueda, vuelta de tuerca contrasentido.

 

Aprieta el cíngulo. Ahoga el centro, con una hebra de punto frío. Fin sin principio. El  punto muerto, el ocho negro  del infinito. Vacío, yermo, estéril valle del meandro muerto del seco río.

 

Punto del ocho, diente de sierra que rompe el círculo. Ocho infinito, exacta esencia, intersección de dos conjuntos sin elementos, del que resulta el cero por cero de un gran conjunto hueco y vacío, que tiende al menos menos de todo, que se entrelazan para tender al signo menos del infinito.

 

C. R. C. (03-06-08)

 

Presente… Iba a escribir sobre “Club Fernando Pessoa”... Palabra por palabra… sin analizar… sin interpretar… sin traducir… sin traicionar…  dándole voz… escuchándonos…

 

 

http://www.mefeedia.com/watch/32919994

 

No hay temor de que ocurra,

es imposible,

Ella es señora, dueña, ama.

Ella… es,

por mas que esté arrinconada,

incongruentemente soberana,

en los tiempos de objetivos mercantiles,

en los tiempos del asco y de la nausea,

en los tiempos en que se vende lo invendible.

 

Ella, vence, usando la palabra.

Ella, ofrece, la esencia primitiva.

Ella, clama, rasgando las entrañas.

Ella es, la eterna peregrina.

Arrinconada…

Olvidada…

 

Siempre viva…

Nos camina.

Nos transita por la sangre.

Nos sacude.

Nos afloja el corazón.

Nos hace humanos.

Nos permite revivir al derramarnos

en las letras que forman las palabras

 

Ella…

No hace falta encontrarla en otros ojos.

No hace falta leerla en otras letras.

No hace falta escribirla en cualquier lengua.

No hace falta susurrarla, ni gritarla…

Mas lo hacemos para darle la palabra…

Sólo a Ella…

Siempre a Ella…

Grita Ella…

 

Nos posee…

Nos invade…

Nos obliga…

Nos seduce…

Nos embriaga…

Nos induce…

a  dejar que nos escriba en sus palabras,

y al dejarse escribir… nos da la vida.

 

Ella es Ella…

Poesía que renace dando vida

Poesía que al leerla nos conmueve

Poesía… de poetas que publican

Poesía… publicada en carne viva

Poesía… de una lágrima quemando,

 al escribirla…

al leerla…

al sentirla…

 

Ella es ella.

Poesía...

Ese pájaro que vuela  en las letras que ella anida.

 

C. R. C. (22-09-2010)

 

 

Confieso que he amado.

He amado más allá de la razón,

más allá de mi cuerpo, más allá del corazón.

La razón me gritaba, me vapuleaba, me exigía razonar.

Mi cuerpo… mi cuerpo se debilitaba, protestaba, enfermaba de ese amor.

Dentro de mí… el corazón… mi corazón se rompía... sublimándose en amor…

condensándose mi cuerpo, evaporándose el seso,  lloviendo en mi corazón…

Amaba mi  corazón… pensaba mi corazón… lloraba mi corazón.

 

Confieso… confieso que he luchado cuerpo a cuerpo,

combatiendo en propio cuerpo,

desgarrándome por dentro,  desangrándome, muriéndome,

inmolándome, consciente, en mente, cuerpo y corazón.

Confieso… confieso que he escrito un epitafio dando muerte al corazón.

Confieso… confieso que he firmado la sentencia de la muerte del amor.

Confieso… que agotado, malherido, desarmado, dolorido, se adormeció  el corazón.

Lo acunaba tiernamente, le acariciaba mi mente,  cantándole nanas de amor.

 

Hoy confieso nuevamente…

Confieso que amor no muere, amor sólo se adormece, le despierta  un gran amor.

Agradezco el sufrimiento… por él supe qué es amarse… por él puedo darte amor.

Un amor que grita el cuerpo…  que la razón halla cierto… que acaricia el corazón.

Un amor… en cada gesto… en cada momento tierno… un amor vivido a dos.

Te confieso… mi secreto… por no querer creer en sueños… tu sueño me despertó.

Por decidir retirarme… por no querer lastimarte… el amor se me entregó.

Confieso que estoy amando… confieso lo que en ti amo… cuerpo, mente y corazón.

 

C. R. C. (05-09-10) 

 

Frente al espejo…  una mujer.

Una sola mujer… sólo una mujer.

Claro oscuro de mujer… luz y sombra de mujer.

Mujer frente al espejo…  espejo frente a una mujer.

 

Mujer de nombre mujer… nombre de mujer para una mujer.

Mujer de nombre sin nombre… nómbrame un nombre… mujer.

En el espejo… una mujer… una mujer… sin espejo.

Sólo un reflejo… sólo un nombre… sólo una… solamente una…  una sola mujer.

C. R. C. (01-09-10)

Era un tiempo de membrillo en las papilas,

empalague edulcorado, tierno, dulce,

Era un tiempo de entretelas con puntillas,

de guipures, de bordar picas en Flandes.

 

Era un tiempo de suspiros del suspiro,

de ese agosto del estío al agostarse.

Era un tiempo en que el verano era un membrillo,

un bordado, un suspiro, un empalague.

 

Era un tiempo en que las perlas eran perlas,

en que el mar era un noray donde amarrarse.

Ya las perlas se olvidaron de ser perlas.

Ya el noray dejo de ser del mar amarre.

 

Es un tiempo agridulce, tamarindo.

Es un tiempo de costuras sin hilvanes.

Se olvidaron los dulzores del membrillo.

Se olvidaron los bordados del encaje.

 

C. R. C. (11-08-10)

Porque te amé -no fingiré- porque te amo,
soy yo la que ha ganado la partida.
Yo soy la que ha ganado la batalla,
y repliega sus huestes y no olvida.



Ahora sé que sé amar, y que amar puedo.
Con el amor ganado me retiro,
regresando a mi cuartel de invierno
de donde tú provocaste mi salida.


Antes de ti me había retirado,
habiendo abandonado la partida.
Por saberme incapaz de amar, o por creerlo,
me encontraba en reposo, pero herida.



Tú no has estropeado mi vida.
Por ti aprendí a amar, siendo por eso
que tú fuiste el que curó mi herida,
aún sin entenderlo tú y aún sin quererlo.



No habrá más mediodías en tus brazos.
No habrá besos que marquen mi barbilla.
No habrá voz que me inunde al oírla.
No habrá noches, no habrá mañanas, no habrá días.


Habrá versos para quien quiera leerlos.
Habrá amores que han ganado la partida.
Habrá ojos que se nublen sin quererlo.
Habrá manos que acarician sin caricias.



Por no poder besar, besan un verso.
Por no dañar de amor, amor esquivan.
Por no dejarse amar, por no hacer daño…
porque ellos aman, amor no se lastima.

C. R. C. (08-08-10) 

 

 

 

 

En  veinticuatro horas, por tres veces,

como negó Pedro la Palabra,

la palabra hasta mí llegó negada.

Negándolos,  nosotros nos negamos.

 

“Conócete a ti mismo”, nos dijeron,

eterna asignatura no aprobada.

Sumergirse en uno mismo lleva tiempo,

sumergirse en los demás ni lo intentamos.

 

Antes de preguntarnos, contestamos,

antes de  comprendernos, entendemos.

Uno a uno, desnudez frente al espejo.

Uno a otros, somos ciegos de los otros.

 

Ojos ciegos, que no ven más que el espejo.

Ciegos ojos, cuando a solas no miramos.

El azogue en el espejo de lo ajeno

El ajeno en el espejo de nosotros.

 

Somos yo, somos tú, cuando tú miras.

Yo soy yo, yo soy tú, si yo te miro.

Sienta el tú lo que el  yo está sintiendo.

Sufra el  yo lo que sufre su reflejo.

 

Sí mirarnos, sí escucharnos, sí decirnos.

No ser ciegos, no ser sordos, no ser mudos.

  atrevernos a mirar nuestro desnudo.

No mirar sin desnudarnos en  los otros.

 

C. R. C. (05-08-10)

 

 

Hay poesía en las pequeñas cosas.

En un par de pendientes que reposan sobre el rosa raso de la mesa

y se abrazan

y  se besan

En las cortinas que el aire balancea.

En la noche a través de la ventana.

En el roto silencio que me llega.

                                      En el rodar de un coche sobre grava.

 

Ella es la que inclina mi cabeza para buscarla a través de la ventana

y divisar por las cortinas entreabiertas las farolas entre hojas de la plaza.

Ella habla

Ella dice

Ella llama

Ella es la que regala la belleza al contemplar las cosas cotidianas.

 

Poesía agita las cortinas

Entra el aire

Ella habla:

                        Buenas noches

Siento el beso mientras escribo en mi cama.

 

C. R. C. (01-08-10)

 

Lo más curioso es que nunca he soñado contigo.

Ni con ningún otro.  

Bueno, eso no es exactamente cierto, hubo un hombre con el que soñé.

Claro que fue en los tiempos de la agonía,

cuando el único modo de seguir conservando un punto de cordura era soñar.

 

 Una de aquellas noches soñé…

Soñé con una Giralda hecha de palillos

De esos palillos que se usan en los bares

Palillos planos

La llevaba en la mano un hombre, su padre.

El hombre y yo estábamos en un campo…

Creo que era un día de verano porque no había nubes en el cielo,

y creo que era un campo porque en el sueño veía  mecerse la hierba.

 

El hombre era su padre.

Es curioso, porque nunca vi la cara de su padre,

Nunca conocí a su padre.

Su nombre, sí.

Su padre se llamaba Domingo,  Domingo Rodríguez Aguirre.

Podría haber soñado con su madre.

El rostro de su madre sí lo conocía,  y el de su hermana.

Su hermana, que bordaba las servilletas en distintos colores.

 

Un día su hermana me escribió una carta preguntándome mi color preferido…

Quería bordar mi servilleta

Pude haber soñado con su hermana.

Pude soñar que ella me ofrecía esa servilleta.

Pero no.

Soñé con su padre, al que nunca había conocido.

Soñé con una Giralda de palillos.

Soñé que me ofrecía aquella Giralda.

 

No hablamos.

 Él me miraba.

Extendió su mano.

Me ofreció aquella Giralda de palillos.

Al hacerlo supe que era su padre.

Supe que me hablaba de él el sueño.

Soñé con él sin soñar con él.

Es curioso.

 

La Giralda no está en Cartagena.

Nunca hablamos de la Giralda.

Nunca estuvimos en Sevilla.

Nunca conocí a su padre

Y en vez de soñar con él,

En vez de soñar con su madre o con su hermana,

soñé con su padre para soñar con él.

Soñé con la Giralda para soñar con la calle Paloma.

 

Cartagena no es Sevilla.

Él no era su padre.

Su  padre me ofrecía una Giralda.

Y lo más curioso fue que al despertar recordaba el sueño.

Supe lo que me decía el sueño.

Supe que aquella Giralda era lo que pudo haber sido y no fue.

Lo que en aquellos momentos deseaba que hubiera sido.

El sentimiento tibio que necesitaba en aquella agonía me lo dio un sueño.

 

Es curioso.

Nunca he soñado contigo.

O tal vez sí.

Sí.

Soñé contigo antes de conocerte, antes de amarte, antes de perderte.

Bajabas unas escaleras, llevabas un traje  marrón y no vi tu cara.

Durante años asocié el lugar a unos Grandes Almacenes.

Me equivocaba.

 

Era una boca de metro.

El metro de Plaza de España.

Por la mañana había nevado en Madrid.

El quince de febrero de dos mil diez nevó en Madrid.

No llevabas traje ese día.

Llevabas un anorak marrón sobre tu camisa y tu corbata.

Te dije que estabas muy guapo.

El reposo te había sentado muy bien.

 

Llovía aquella tarde.

Me esperabas en el Rincón de Reyes.

Estabas sentado en un taburete en la barra.

Tomabas un café, yo pedí otro.

Yo sólo quería mirarte, hablar contigo, estar contigo.

Me invitaste a un pacharán.

Me moría por morder tus labios, por abrazarte.

Ni te toqué, tenía miedo de lastimarte, aún estabas de baja.

 

Cuando nos fuimos seguía lloviendo.

Caminamos juntos bajo mi paraguas.

Llegamos a la parada de metro.

Nos despedimos juntando nuestros labios en el último beso.

Echaste a correr, me miraste y susurraste te quiero.

Bajaste las escaleras del metro.

Como en el sueño.

Soñé contigo antes de conocerte, antes de amarte, antes de perderte.

Eras tú.

El hombre del traje marrón eras tú.

 

Hubo otro sueño contigo.

Siempre sin rostro, pero tú.

Tú llevándome en brazos.

Yo abrazada a tu cuello.

Tú amándome como sólo se ama en un sueño.

Yo amándote como te amé y te amaré.

 Sin conocerte, eras tú.

El hombre sin rostro, eras tú.

 

Cuando me llevaste en brazos el sueño fue real.

Cuando no tenías rostro eras real.

Cuando no sabía tu nombre eras real.

Cuando te esfumaste…  es la realidad.

No habrá más sueños…  te perdí.

¿Sabes? Te amo

¿Sabes? Tengo ganas de llorar y  estoy llorando.

¿Sabes? Mereció la pena llorar. Mereció la pena amar.

 

C. R. C. (31-07-2009) 

 

Cuando todo se iba apaciguando,

mansamente retornando  a ti la paz,

olvidándote  de ti y olvidando

que el olvido no es no recordar.

 

El capricho de tu mente ventolera,

jugarretas que te juegas sin pensar,

te tentó a que escribieras un poema,

el poema que callado debió estar.

 

La respuesta vino en forma de mordisco,

que cercena de un bocado el corazón.

El olvido que no puede ser olvido,

nos lacera cuando nos gritan amor.

 

Cuando todo parecía remansado,

en las aguas que no hacen naufragar,

te encontraste  que en una nuez vas navegando,

no te extrañes si te vuelves a extrañar.

 

C. R. C. (29-07-10)

Me ofreciste el sonido de la tarde en la playa.

Me trajiste el lenguaje de las aves sin voz.

Me vestiste de diosa,  de sirena marina.

Me pintaste en Carnota a la orilla del mar.

 

Yo no era la diosa, yo no era sirena.

Yo no era esa “ella” que soñaste una vez.

Yo escuchaba el sonido de las olas que besan.

Yo soñaba el dorado del ocaso del sol.

 

Intestaste domarme, moldearme en poema.

Me sentías etérea, me sentía mortal.

Me vestías de barro, respiraba tus flores.

Tú me amabas poema, yo era una mujer.

 

Reclamaste el derecho de tenerme a tu lado.

Yo no supe o no quise entregar todo  a ti.

Decidí despedirnos para no hacerte daño.

Yo quería unos brazos sosteniéndome a mí.

 

Yo no era sirena, yo no era poema…

Yo no era la ninfa que el druida soñó…

Yo no era tan fuerte para ser la más fuerte…

Yo  sabía que era… cansancio hecho mujer…

 

Me alejé de tu vida, me borré de tu nombre,

me alejé de los hombres, me oculté de su voz.

Decidí enclaustrarme dentro de una oficina,

me olvidé de la vida… y la vida siguió.

 

Y de repente un día… la mujer solitaria,

la mujer hecha hierro, la mujer no mujer,

se encontró sorprendida escribiendo un poema

se olvidó que era hielo… y se sintió mujer.

 

Y lloró como nunca, y amó contracorriente.

Y se domó ella sola, y se enseñó a amar.

Y escribía caricias que se hicieron poema.

Y un hombre las borraba… y mi nombre olvidó.

 

No le importa el olvido, no le importa el desprecio…

Ella ama a ese hombre… que no pide su amor.

Ella ama a ese hombre… que nada le pidió.

No le importa el silencio… ya no espera su voz.

 

C. R. C. (28-07-10)

Recuerdo…

Tú me escribiste que te gustaban Benedetti

y…  

las nueces.

 

Yo…

Yo te escribí que me gustaba Alfonsina

y…

te pregunté…

 

Te pregunté…

si conocías el resto de aquellos versos…

No eran unos versos… era una canción.

Una canción de Serrat…

 

Ahora…

Recuerdo que me gusta Benedetti…

Que tu voz sonaba a Benedetti…

Que cuando pienso en ti oigo a Benedetti…

 

¿Y tú?...

¿Cómo me recuerdas tú?

¿Asocias mi recuerdo con Alfonsina?

¿Por qué querías ver mis manos?

 

Mis manos no son pequeñas…

Yo no soy delicada…

Las asas de mi bolso no eran  brutas,

aunque a ti te lo parecieran.

 

Yo no soy Alfonsina, ni soy delicada.

Ni tan siquiera mi voz suena a Alfonsina

No tengo acento argentino…    

Y …

 

No me vestiré de mar…

Tal vez de algas… tal vez de olvido… tal vez de amor…

tal vez de marea...

o de espuma…

 

De aquella espuma blanca atlántica…

de aquella espuma… al pie de aquel faro…

aquel faro…

Aquel faro es mi faro… no el tuyo.

 

Tu  voz…

Tu voz suena a Benedetti… 

Tu voz en una cascara de nuez dijo…

¡Te quiero… ¡

 

¡Te quiero…!

No hay un poema más breve...

No hay un poema más bello…

Benedetti… tú, y la nuez.

C.R.C. (27-07-10)

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