Lo más curioso es que nunca he soñado contigo.
Ni con ningún otro.
Bueno, eso no es exactamente cierto, hubo un hombre con el que soñé.
Claro que fue en los tiempos de la agonía,
cuando el único modo de seguir conservando un punto de cordura era soñar.
Una de aquellas noches soñé…
Soñé con una Giralda hecha de palillos
De esos palillos que se usan en los bares
Palillos planos
La llevaba en la mano un hombre, su padre.
El hombre y yo estábamos en un campo…
Creo que era un día de verano porque no había nubes en el cielo,
y creo que era un campo porque en el sueño veía mecerse la hierba.
El hombre era su padre.
Es curioso, porque nunca vi la cara de su padre,
Nunca conocí a su padre.
Su nombre, sí.
Su padre se llamaba Domingo, Domingo Rodríguez Aguirre.
Podría haber soñado con su madre.
El rostro de su madre sí lo conocía, y el de su hermana.
Su hermana, que bordaba las servilletas en distintos colores.
Un día su hermana me escribió una carta preguntándome mi color preferido…
Quería bordar mi servilleta
Pude haber soñado con su hermana.
Pude soñar que ella me ofrecía esa servilleta.
Pero no.
Soñé con su padre, al que nunca había conocido.
Soñé con una Giralda de palillos.
Soñé que me ofrecía aquella Giralda.
No hablamos.
Él me miraba.
Extendió su mano.
Me ofreció aquella Giralda de palillos.
Al hacerlo supe que era su padre.
Supe que me hablaba de él el sueño.
Soñé con él sin soñar con él.
Es curioso.
La Giralda no está en Cartagena.
Nunca hablamos de la Giralda.
Nunca estuvimos en Sevilla.
Nunca conocí a su padre
Y en vez de soñar con él,
En vez de soñar con su madre o con su hermana,
soñé con su padre para soñar con él.
Soñé con la Giralda para soñar con la calle Paloma.
Cartagena no es Sevilla.
Él no era su padre.
Su padre me ofrecía una Giralda.
Y lo más curioso fue que al despertar recordaba el sueño.
Supe lo que me decía el sueño.
Supe que aquella Giralda era lo que pudo haber sido y no fue.
Lo que en aquellos momentos deseaba que hubiera sido.
El sentimiento tibio que necesitaba en aquella agonía me lo dio un sueño.
Es curioso.
Nunca he soñado contigo.
O tal vez sí.
Sí.
Soñé contigo antes de conocerte, antes de amarte, antes de perderte.
Bajabas unas escaleras, llevabas un traje marrón y no vi tu cara.
Durante años asocié el lugar a unos Grandes Almacenes.
Me equivocaba.
Era una boca de metro.
El metro de Plaza de España.
Por la mañana había nevado en Madrid.
El quince de febrero de dos mil diez nevó en Madrid.
No llevabas traje ese día.
Llevabas un anorak marrón sobre tu camisa y tu corbata.
Te dije que estabas muy guapo.
El reposo te había sentado muy bien.
Llovía aquella tarde.
Me esperabas en el Rincón de Reyes.
Estabas sentado en un taburete en la barra.
Tomabas un café, yo pedí otro.
Yo sólo quería mirarte, hablar contigo, estar contigo.
Me invitaste a un pacharán.
Me moría por morder tus labios, por abrazarte.
Ni te toqué, tenía miedo de lastimarte, aún estabas de baja.
Cuando nos fuimos seguía lloviendo.
Caminamos juntos bajo mi paraguas.
Llegamos a la parada de metro.
Nos despedimos juntando nuestros labios en el último beso.
Echaste a correr, me miraste y susurraste te quiero.
Bajaste las escaleras del metro.
Como en el sueño.
Soñé contigo antes de conocerte, antes de amarte, antes de perderte.
Eras tú.
El hombre del traje marrón eras tú.
Hubo otro sueño contigo.
Siempre sin rostro, pero tú.
Tú llevándome en brazos.
Yo abrazada a tu cuello.
Tú amándome como sólo se ama en un sueño.
Yo amándote como te amé y te amaré.
Sin conocerte, eras tú.
El hombre sin rostro, eras tú.
Cuando me llevaste en brazos el sueño fue real.
Cuando no tenías rostro eras real.
Cuando no sabía tu nombre eras real.
Cuando te esfumaste… es la realidad.
No habrá más sueños… te perdí.
¿Sabes? Te amo
¿Sabes? Tengo ganas de llorar y estoy llorando.
¿Sabes? Mereció la pena llorar. Mereció la pena amar.
C. R. C. (31-07-2009)