¡Ángel!

¡Ven a mí!

¡Cúbreme en tu vuelo!

 

Te llamaré llevándote colgado de cadena de plata en mi cuello.

Caminaré contigo, y tu sonido caminará sin pasos en mi pecho.

Me entregaré a ti, desnuda en todo, desnuda de mi carne y mis deseos.

Me vestiré del roce de tus alas. Sonreirán los demás, dirán: ¡Es sueño!

 

Sueño de ángel, plumas de alas blancas.

Sueño de nubes, algodón de caramelo.

Sueño rosa,  tocinillo dulce cielo.

 

Espigas de algún trigo misterioso.

Camino del molino de los sueños.

 

Tengo hambre del pan de esos molinos,

 que ni son gigantes ni son sueños.

Son molinos de agua, piedra, viento,

donde llevar el trigo, donde muelen,

esa  harina de ángel, pan de sueños.

 

No me digas que es tan sólo un sueño.

¡Ángel!

¡Ven!

El pan está en el horno, cociéndose despacio, a fuego lento.

 

Rosca de pan dorado, pan de pueblo.

Saboreo tu miga, tu corteza, alimentas mi cuerpo con tu acento.

Campesino de nubes, imaginas las espigas de trigo de los sueños.

 

No pronuncies, no digas, no susurres.

No hay palabras que den pan a los sueños.

 

PAN

TRIGO

ESPIGA

Sueños

ÁNGEL

ALAS

PLUMAS

Vuelos

En cadena de plata llevo un sueño

Su sonido me habla sin palabras:  es mi pan, es mi ángel, es mi aliento.

 

C. R. C. (21-03-10)