Lo que nos atrapa de la belleza no es el detalle es su ángel. Nos paramos ante una puesta de sol sin fijarnos en los postes de teléfono, sin ver los tejados remendados con planchas de uralita, incluso obviamos la boina contaminante porque puede dar una luz a ese instante que nuestros ojos ven bella, a pesar de las miserias circundantes.

 

Cuantas veces estorban los detalles. Cuantas veces tamizamos demasiado la belleza como si quisiéramos destruirla, hallar la imperfección en la estatua, la pincelada mal dada, el falsete en la voz, la mentira en el te quiero, el gazapo en las palabras, el motivo oculto en la bondad. Críticos crueles de la belleza. Ella, la que se da porque es así, sin saberlo, sin que nos ponga un precio por ese aleteo fugaz que nos hace participes de un sueño, que se nos enseña para aprender a disfrutarla, gozarla, no por su total perfección, la perfección es tan fría, tan inane, tan muerta...

 

Lo último bello que he visto fue la fotografía de una mujer, su porte, su ángel, el mismo ángel que tenía desde que nació, eso se lleva en los genes, no se adquiere, es innato. Cuando vieron la fotografía me dijeron que el espacio entre su barbilla y la base de su cuello era demasiado largo... ¡Fíjate que cosa tan fea....! Me lo acaban de comentar y... es cierto, pero... no fue eso lo que vieron mis ojos, lo que vi en ella fue esa belleza que brilla desde dentro y  es como la belleza de esa luz del amanecer o del  ocaso que durante unos segundos hace que todo tenga ese color nacarado, dorado, del irisado tono de los sueños, de su oriente de  mil  y una noches... en nuestros  ojos es y en ellos existe.

 

 

 

<p><a href="http://www.youtube.com/watch?v=sTLPERojQpE">http://www.youtube.com/watch?v=sTLPERojQpE</a></p>