jueves, 24 de diciembre de 2009 0:45
por
macarey
Ahora no
-Las actualizaciones están listas para el equipo...
-Sí, pero que esperen, que ahora no estoy para reiniciaciones
El sello... ése también que espere. Había una llave por algún lado, pero ahora no sé donde está la dichosa llave. Llavecita no era. Era una llave... ¿grande? No, no era grande como aquellas llaves que abrían aquellas puertas con dos hojas, como si quisieran cerrar a medias, la parte de arriba abierta invitando a entrar con la mirada, el olfato y la voz. La parte de abajo cerrada como queriendo resguardar algo que con introducir la mano por la parte superior de la media puerta, dejándola caer, a continuación, en busca de aquel cerrojo que con un hábil empujoncito de aquella mano intrusa se descorría y dejaba la hoja inferior a merced de las manos o los pies que la empujasen para traspasar a continuación el umbral sólo a medias infranqueable. Aquellas llaves solían ser niqueladas o herrumbrosas y de un peso que agobiaba el forro de los bolsillos, fueran de pantalones masculinos o de percal de vestido de fémina.
Esta llave en cuestión era de un metal indefinido, no porque su aleación fuese producto del alambique de un afanado alquimista, su indefinición era debida a la poca atención que al metal había prestado quien no sabía su composición. Muy templado no estaba porque al poco de estar en su poder una simple caída al suelo produjo su rotura por la parte en que las llaves suelen tener esa especie de abracadabra que a su simple giro, una vez encajadas ambas partes, producía el efecto de la mágica palabra en la roca de la cueva de los ladrones.
Nunca supe que cerradura abría aquella llave, o sí lo sabía, por eso ahora miro para la caja rectangular donde puede que esté hace meses. Mañana cumple años la llave. La he rescatado del interior de la caja y por raro que parezca el metal huele a perfume y la soldadura ha resistido a mi intento de enderezar lo torcido de su forma. Mañana la pondré en el lugar donde tiene que estar, esta noche dormirá con sus compañeros de caja, tres pares de pendientes que guardan ese olor a perfume de lo que nunca será una simple huella en mí.
-Hay actualizaciones listas para el equipo...
-Apaguemos la luz y a dormir.