Los ombligos son redondos, cicatriz oblonga que los ombligó.

Los ombligos son automiméticos, tienden a tomar la forma del  ombligante.

Los ombligos son narcisistas, nunca ven  más ombligo que su  ombliguetética cicatriz.

 

Un ombligo y una ombliga -dios y diosa de Ombliguia- miraron con su ombligua mirada desde su ombliguica morada  y nunca vieron más allá de sus narcisos

–ombligos-

 

 

Los ombligos ajenos no son asunto de dioses. A la postre cada uno lleva como puede su cicatriz.

 

Dicho lo cual –alguien que no tenía nada más que decir- se dio media vuelta y con su ombligo  se fue. Quienes vieron como se alejaba contaron que vieron pasar  un ombligo irónico y socarrón. En lo que nunca se pusieron de acuerdo fue en si el ombligo iba, venía o simplemente pasaba por allí –Ombliguia-

 

 

De todos los ombligos, de todas las cicatrices

sólo una, redonda, lisa, cicatriz sin recovecos,

plana, leve, como si no hubiese querido dejar huella,

como si hubiese respetado, como si no hubiese osado,

profanar tu piel, horadar tu centro, penetrarte.

Tu ombligo, tu ombligo y tú, redondos y perfectos.

 

Todos los demás ombligos,

ombligos tan sólo son.

De todos los demás ombligos,

el olvido se olvidó.