Te prometo, porque me da la gana sin más motivo que ése, que cuando venía para casa arrastrando el carro de la compra olía a hojas secas en el parque y me gustó el olor, medio mohoso, medio vivo, del otoño. Te prometo que ayer en Santiago cuando veía volar las hojas arrancadas por el aire de los árboles hubiera jurado que tú las veías conmigo. Te prometo que las dos Marías me sonrieron y de las fotos que ayer hice no hubo ninguna en la que ellas posaran. Te prometo que ahora mismo mientras escribo y mi hijo se ha reído de mí ante mi respuesta, es más me  ha dicho que le di miedo con la respuesta que le acabo de dar, dice que parece que estoy anestesiada. Te prometo que no me hace falta ver mi cara, me llega con sentirme, no me hacen falta espejos. Te prometo que se me acaba el ímpetu, que me está entrando sueño y mi cama me espera. Menos mal que me he controlado, porque, te prometo que, por unos momentos parecía que iba a volver a las andadas y dejarme escribir en verso.

 

Por cierto, no sé a qué sabrá el zumo de naranja con canela y miel, pero no creo yo, o será que no estoy para muchos discernimientos gustativos, que sea algo tan horroroso que no merezca la pena probarlo.

 

Ha parado de sonar la música. Vuelve a sonar algo de un buen momento. Me gusta escribir con sorpresa de acompañamiento musical procedente de la habitación que está según se sale de ésta en la que de momento estoy, pasando por el pasillo, para eso es el pasillo para pasar, pasando de largo por mi dormitorio pasillo adelante se llega a la habitación donde suena  “.... me pregunté que sería de mí el resto de mi vida y desde entonces, te quiero, te adoro y te vuelvo a querer...”.

 

¿La llama se apago? ni hablar, la llama prendió y arde bien. La llama es una llama a dos.  Con un chupito de sangría toledana. ¿Tú piensas en los tomates?

 

Este hijo mío me puede, tres llamadas sin respuesta, es que no se da cuenta de que no son horas de llamar a nadie que esté bien acompañado a la hora de la siesta. Como para interrumpir nada yo. Déjala que disfrute niño, déjala que disfrute.

 

“La energía no se crea ni se destruye, sino que se transforma” Suerte con los principios. Ya ves, tengo algo de pelusa. Te imagino sin ganas pero con mañas para hacer ver a quien no quiere ver que la cibernética, alguna de ésa que se transforma lo será también, es a la cinética, lo mismo que la potencial es a hacer o no hacer como  poder hacer haciéndolo o no. El trabajo que cuesta es lo que mueve lo inamovible de los absurdos contenidos que con el paso, peso, piso, poso de los años, puso a lo importante en el lugar donde lo potencial deja de ser y se vuelve recuerdo de lo potencialmente olvidado pero nunca arrinconado por no haber sido sin ser y siendo lo que mueve a los que no saben mover montañas pero mueven granos de arena.

 

Te puedo prometer que si me preguntas no te responderé, pero el paso de las horas no ha hecho recobrar la cordura a quien la mandó a volar con las hojas mohosas del otoño que no llega.