Hoy no llovía en Santiago, el cielo estaba azul, muy azul. Hacía tiempo que no estaba delante de la Catedral, miré su vieja fachada, besada por amarillentos líquenes que guardan el secreto que le cuentan sus piedras. Miré a lo alto y vi como acariciaba el azul con sus dedos de torre, agradeciéndole al sol su luz, dejándose acariciar por su calor. La sentí entregada al sol, sesteando gozosa con el  sol mañanero. Luego me perdí por sus callejuelas estrechas, deseando tener más tiempo para perderme de verdad sin irme de ella, dejándome ir, dejándome llevar, calle a calle, reposadamente ir viviéndola, ir dejando que me contara, que me cantara, que a mis oídos llegaran las notas de Fonseca, que los tunos surgieran con las cintas de sus capas volando al viento... Volví a la realidad,  apresuré el paso, el móvil me reclamaba lejos de la calle del Franco, bajé acompañando al agua que desciende hacia la plaza Roja y... me adentré en las calles que no tienen losas... había que ir a hacer lo que me había llevado a Santiago... trabajar.

 

Luego, mientras comía, la escuché a ella, mañana buscaré La Pasión... boleros y Luz Casal... fuegos artificiales en Santiago.

 

 

¿Merece un poema?

 

Sí...

 

Algo así como...

 

Ni tú ni yo...

 

somos esos dos...

 

No...

 

Mi amor es él...

 

Él es mi amor...

 

-mi dulce, tierno y eterno amor-

 

él... -que sí es-

 

tan sólo él... mi dulce amor...

 

-como la piedra guarda el secreto-

 

sonríe el labio al pronunciar -sin pronunciar-

 

su nombre...

 

amor

 

Ni tú... ni yo...

 

no somos nada...

 

solo palabras...

 

sólo reflejos...

 

que nos deslumbran...

 

ante el espejo de otro amor.

 

 

Bicos  <p><a href="http://www.youtube.com/watch?v=6nZKWijuHys">http://www.youtube.com/watch?v=6nZKWijuHys</a></p>