Porque no somos islas, amor, no somos islas…

Somos dos continentes que derivan

sobre el magma interior de sus latidos.

Manto pétreo exterior, fuego en la entraña,

en perpetúa ignición, hielos eternos.

 

Somos rocas templadas derretidas.

Somos la tierra árida de un cauce

que, reseco de agua, lleva grietas,

y al milagro de la lluvia penetrante

van brotando sus flores más secretas.

 

Somos piedras que el viento erosionando

nos arranca la piel, polvo de arena.

Dos volantes en alas de los aires,

emigrantes a orillas de otras aguas,

dos vaivenes eternos de mareas.

 

Somos esos bosques silenciosos,

suelos cubiertos de agujas, verde musgo.

Ese olor a frescor, algo mohoso,

ese respirar, ese estar, ese encontrarse,

ese perfume  entre sombras protegidos.

 

Somos aquella cueva del tesoro,

que se abre al pronunciar un sortilegio,

una frase, un callar, un decir quedo,

que nos muestra el umbral de los jardines,

que nos lleva al pabellón de los secretos.

 

Somos primaveras de hojas secas,

inviernos de recolección de frutos,

vendimiantes de uvas pisoteadas,

rezumantes lagares, rancios vinos,

de afrutado  sabor a vino nuevo.

 

Somos, a pesar de tantas aguas

que separan, alejan, aíslan, confinan,  

lo que hubo de ser y nunca ha sido…

una  isla de amor que se contiene,

una  isla de amor por contenerse.

 

Somos lo que queramos ser que sean,

ese  tú, ese yo, seamos  nosotros,

sea mar, sea llanto, seas marea,

seas canción de amor, sea o no seas,

seas gota de agua dulce resbalando.

 

Mas… no lo digas, amor, no digas huella,

que van dejando los pasos que perdimos,

en caminos que van y no regresan.

No quiero ser una huella en tu camino.

No quiero que en mi camino tú seas huella.

 

Porque no somos islas, amor, ni somos huellas,

somos lo que es sin haber sido…

somos lo que será sin que se sea…

más allá de ser o no haber sido…

Somos istmos de amor, somos mareas, somos dos continentes contenidos.

 

C. R. C. (26-09-09)