¿Recuerdas?

 

La envidia es verde

-dijiste-

-yo contesté-

La mía es sana

 

Lo que es el hablar cuando no hay llama

que te abrase quemándote por dentro.

 

Me gustaba mirar a esas parejas

que pasaban de lejos por las calles.

Las miraba feliz porque pensaba:

¡Ahí van dos que están juntos y se quieren!

 

Por entonces Amor no me tocara

con su dedo caricia en la frente,

el amor era un algo que no estaba

era un algo que veía en otras gentes.

 

Los miraba, sonreía, los miraba

y volvía a mirarlos sonriente.

 

Me faltaba el amor, mas no era falta,

era un algo que no estaba y no dañaba.

 

Mas ahora... olvidé la envidia sana

y, por veces, al pasar una pareja,

se apresura a esquivarla mi mirada,

me atraviesa el cuchillo de tu ausencia.

 

¡Ay Amor! ¿a qué tocarme si no llegas?

¿a qué me atravesaste con tu lanza?

No te echaba de menos, pues no estabas,

y ahora me devoras, me condenas.

 

No echaba en falta Amor,

él no es quien falta,

se echa en falta el amor cuando nos llega,

la caricia no dada, no alcanzada,

la certeza de ser la no pareja,

la pareja que va allí enlazada,

la mirada que huye y aquella niebla

que se vuelve cortina en la mirada.

 

No es Amor quien faltaba,

eras tú,  mi amor, tú sí me faltas.

 

C. R. C. (09-09-09)