viernes, 14 de agosto de 2009 7:53
por
macarey
A la orilla
Me fui acercando al lago. Mientras subía por la senda de madera volvieron los recuerdos, el equipaje de los recuerdos. Iba buscando el color de unas flores entre el verde de la orilla. Al llegar a lo alto del sendero me detuve. Seguí recordando. Bajé los escalones de losas y me senté al borde del agua. No había flores, ésas no. Ya solamente estaban en mis recuerdos. Me acerqué a la arena, tendí mi toalla y me tumbé sobre ella. Cerré los ojos y sentí tu presencia a mi lado. Bastaba deslizar unos centímetros mis dedos para rozar tu mano. Allí, tumbada a la orilla del lago, del otro lado de la arena, del otro lado del mar, nuestras manos estuvieron al borde de la caricia. No digas nunca que no has estado en el Atlántico. No diré nunca que no he estado en el Mediterráneo. Los dos estuvimos allí, tumbados, al mismo tiempo, en el mismo mar sin nombre, a la orilla de nosotros, estábamos tú y yo.
