Estos días estoy desbordada, en muchos aspectos me siento impotente e incapaz de hacer las cosas como me gustaría, es imposible por falta de tiempo, por falta material de tiempo. Me paso las horas libres conectada intentando encontrar un anuncio lo suficientemente ajustado a las necesidades que tenemos, que tiene, mi hija. Voy de las páginas de los anuncios al mapa de Google para localizar ubicaciones y calcular distancias. Sueño con el callejero. No pensaba escribir mientras no hubiera solucionado el tema, pero hoy alguien me ha hecho llorar y no fueron lagrimas de impotencia , fue un llanto a gritos y rabioso. La semana pasada comenté con Carmen (Mirola) que al volver del trabajo, de repente me vino a la cabeza que mi hija tiene un padre y que su padre tiene tanta vela en esto como su madre. Me explico. Estoy tan acostumbrada a estar sola para todo, que ni me planteo lo lógico. Lo lógico sería que un señor profesor numerario de formación profesional, con un verano entero de vacaciones, con medios y tiempo para hacerlo, fuera el que acompañara a su hija y el que, por lo menos, le ayudase a encontrar lo que ella necesita. El día de la graduación de nuestra hija estuvimos todos juntos. Él hablando, como siempre, diciéndole lo mucho que nos había costado a él y a mí que ella tuviese ese titulo universitario. Yo no lo recuerdo, pero al llegar al hotel mi hija me dijo que ella me miró y yo la miré e intercambiamos una mirada cómplice, como cuando se oye llover y ya por costumbre ni moja.
Veinte años, veinte años de ser madre a solas. Veinte años de cuidar, proteger, encauzar, educar y poner los medios para que dos niños que no pidieron nacer, no notasen la falta del que un día decidió que ser padre era llevárselos a su casa cada dos fines de semana y llamar por teléfono para quejarse de que no le llamaban. Veinte años desde que tuve que escuchar que sus hijos eran una factura más al final del mes, y que si salían estudiosos él no estaba dispuesto a pagarles un curso de inglés en Inglaterra. Tonterías que se dicen para hacer daño, pensé entonces, pero daño hicieron, a mí no, me dolía por ellos, por nuestros hijos, oírle hablar como si fuesen la factura de la basura.
Pasó el tiempo. Su relación con ellos siguió siendo esa, cada quince días a Coruña y en Navidades, Nochebuena y Navidad, esa semana le venía mejor, y yo no objetaba nada, por dos motivos, no iba a salir en Nochevieja con lo cual no me estorbaban ese día y tenía la compensación de tenerlos conmigo los días de Reyes. Los veranos tampoco me importaba el mes en que se los llevaba, le dejaba que lo hiciese cuando le viniese bien a él, yo trabajaba los dos meses.
Los niños crecen y se van dando cuenta de todo, van sufriendo, van viviendo, van aprendiendo. Mientras fueron pequeños peleé con ellos muchas veces porque no querían ir con su padre, ellos tenían aquí a sus amigos y sus cosas y lo de irse cada quince días al final se fue convirtiendo en un motivo de discordia conmigo, yo les decía que en Coruña estaba su familia, sus abuelos, su otro hermano, sus tíos, que aquí ya estaban el resto del tiempo, pero que era bueno para ellos que convivieran con su familia y que su padre los quería mucho. Cuando se volvió a casar había tenido el temor de que se encontrasen mejor allí y un día me dijesen que se querían ir a vivir con su padre y su nueva familia. Cuando volvían a casa y mi hija me decía que no le gustaba Marta y que ella la miraba mal, yo le decía que eran celos, que si hacía alguna cosa mal y le reñía era como yo, que no por no ser su hija no iba a reñirle si lo merecía. Creo que la primera vez que mis hijos vieron a su padre con ojos de adultos fue cuando se volvió a separar. Ese fin de semana estaban en Coruña y se armó una muy gorda, el motivo fue que la madre de su mujer iba a llevar a sus nietas, hijas de un primer matrimonio y nietas nieta, vamos, hijas de su hija, no como los nuestros que eran hijos del marido de su hija, pues eso, que la buena mujer tuvo la feliz idea de llevarse a sus nietas a Eurodisney, pobre mujer, ni se imaginaba que eso iba a ser el motivo que su yerno iba a poner en esta ocasión para separarse. Le echó en cara a su mujer que su madre no llevase también a nuestros hijos. La pelea debió ser gorda, yo sé lo que me contaron mis hijos, pero ella se fue a trabajar y él los llamó a los dos, fueron a la cocina a buscar bolsas de la basura y recorrió con ellos la casa recogiendo entre los tres sus cosas. Esa noche durmieron ya los tres en casa de su abuela paterna. Cuando volvieron a casa y me lo contaron, estaban asustados y con una expresión de estupor, de no entender nada. Se fueron y dejaron a las niñas y a su hermano pequeño con la persona que ayudaba a limpiar. ¿No vamos a ver nunca más a Iago?, me preguntaban, ¿Ya no van a ser nuestras hermanas, ni nuestro hermano? ¿Por qué se enfadó papá? ¿Ya no los quiere? Dijo que era por nosotros que se iba por nosotros porque Marta no se portaba bien al no llevarnos su madre a Eurodisney. A nosotros no nos importa, ya iríamos con papá o contigo. No queremos que se separen por nosotros. Escucharlos... ¿os imaginais como me sentía al escucharlos?
Tres hijos, trescientos euros al mes o cuatrocientos, no sé exactamente lo que le pasa a Iago, pongamos quinientos en total. Vive solo, come en casa de su madre, ella le hace la comida. Su sueldo rondará los dos mil, no quiero pasarme. No es cuestión de dinero, no, es cuestión de sentimientos. Lo que viene a continuación es lo que ha desembocado hoy en mi explosión de llanto y rabia.
Yo, en contra de sus vaticinios, encontré trabajo y poco a poco fui consiguiendo que mi trabajo les permitiera vivir, materialmente, como si sus padres no se hubiesen separado, en lo demás intenté suplirle como pude y como puedo. Bien, como ya comenté en otras ocasiones mi hijo salió torcido en lo de estudiar y buscarse la vida, lo sé, puede que sea culpa mía, supongo que sí, su padre como ya dije también, me soltó aquello de que cada uno tiene en su casa lo que se merece. Dejemos de lado a mi hijo que es un inútil por culpa de su madre, hasta ahí de acuerdo y tan de acuerdo que digo mi hijo, no nuestro.
Nuestra hija, dejando de lado que según su padre es como su madre en la manera de ser y de pensar, ese defecto tiene la pobre, que le vamos a hacer, lo malo siempre se hereda. Nuestra hija, salió trabajadora, y eso que es la pequeña, no le hizo mal el mal ejemplo ni la mala educación que yo les di, eso debió deberse a algún gen paterno, perdonad la ironía y las repeticiones, doy patadas al lenguaje, pero estoy muy cansada y no pienso con claridad, lo siento. Nuestra hija estudiaba, y quiso ir a la Universidad. Como muchos a esa edad en que todo lo ven fácil, soñaba con estudiar en Madrid. Hubo una época en que quería hacer Periodismo, luego lo fue olvidando y al final se decidió por ADE. La hice bajar de las nubes y le dije que yo no podía costearle la carrera en una universidad privada, ni pagar el precio de una residencia o un piso allí, que se conformara con Santiago o Coruña o incluso Ferrol, aquí también hay universidad, pero... ella quería volar un poco y por eso o porque las titulaciones del Campus de aquí no la atraían al final fue a Coruña. Debido a que mi sueldo era lo suficiente pero no excesivo y debido en primer lugar a ella y a su estudio, el primer año de Universidad, tuvo beca. Se me olvidaba, su padre vive en las afueras de Coruña, pero ella fue a una residencia, no le dijo nunca vente a mi casa o a casa de tu abuela, o, si se lo dijo, ella no me lo dijo o le dijo que no, vamos a ser sinceros del todo, pero, creo que nunca se lo plantearon. El caso fue que antes de empezar ella, hablamos por teléfono su padre y yo y me preguntó que cuánto iban a cobrarnos en la residencia, me llevé una sorpresa porque no contaba con que desembolsase un céntimo, pero se lo dije y me dijo que ingresaría a mayores unos doscientos euros para ayuda. Cuando se lo dije a nuestra hija se sintió feliz de verdad, recuerdo que dijo por fin mi padre se porta como un padre... sin comentarios, sin comentarios... pero la veía feliz, feliz. Poco dura la alegría en casa del pobre. Dichosa beca, ella inocente se lo dijo, estaba contenta por haberla merecido y se lo contó llena de orgullo. La respuesta de su padre fue que si tenía beca que iba a hablar conmigo para ajustar cuentas. Esa noche ella me llamó triste, papá quiere que le devuelvas lo que ha ingresado para la residencia y me volvió a repetir: y yo que estaba tan contenta al ver que le importaba y me iba ayudar en mi carrera. Al poco me llamó su padre, me empezó a decir, lo dejé hablar, habla y habla, cuando me llama habla y no para, se repite. Yo le dejé terminar y tuve la suficiente sangre fría para contestarle: Mira tú haz lo que quieras, pero tu hija ya me lo ha dicho y está disgustada porque estaba muy contenta con que la ayudases, si quieres el dinero pídeselo a ella, es su beca. Bueno, tampoco es eso, me contestó, si está disgustada, ya veremos lo que hacemos.
No le dijo nada, no se atrevió a pedírselo. Si fuese por mí se lo habríamos devuelto, pero no era mi beca, y nuestra hija no quería devolvérselo.
Llegamos a este curso, ella estaba terminando y yo le había dicho que cuando terminase, quería que hiciese un Master, que ya que no había podido estudiar donde le hubiese gustado, el Master si quería que lo hiciese, que no se preocupase por lo que costase que eso se lo merecía y que quería que lo tuviese. No contaba con su padre, juro por mis hijos que no contaba con él, no pensaba pedirle nada, pero su hija sabía cual iba a ser su reacción y no le decía nada, no le dijo nada hasta hoy. Escribimos a la Universidad, fuimos en abril a hacer una entrevista, la aceptaron en espera de que tuviese la titulación en junio o septiembre. Su padre algo le había comentado de que había unos Master en Caixa Galicia y en Caixa Nova y que incluso tenían prácticas en USA, pero cuando fue llegando la hora de terminar la carrera no volvió a decirle nada. Hablar no cuesta, es gratis. Yo le decía que le dijese a su padre lo del Master, que iba a hacerlo y estaba admitida, ella me contestaba que no, que mientras no tuviese todo aprobado no le diría nada, que quería esperar. El día de la graduación aún le faltaban un par de asignaturas por conocer los resultados y no le dijo nada, yo callé también, ella tiene veintitrés años y debo respetar sus decisiones. Ese día, ya lo dije antes, su padre estaba eufórico, dijo que había que celebrarlo y que en cuanto supiese las notas teníamos que hacer una comida todos juntos en Ferrol. Cuando se enteró de que había aprobado todo lo llamó y quedaron en que vendría con su abuela la víspera del Carmen porque ella no estaría el día de su santo y él se iba de viaje a Rusia. Dile lo del Master, le dije, y así quedamos. Cuando volvió, y le pregunté, no se lo había dicho. Su hermano me dijo, cualquiera le decía nada hoy, después de lo enfadado que estaba porque no encontraba donde aparcar, si la pobre abuela, no podía ni caminar y él no la esperaba, hoy no era día para que Carmen le dijese nada.
Llegamos a hoy. Ayer hablé por teléfono con mi hija, ella está fuera, merece descansar un poco y está pasando una semana en casa de su novio, me dijo que si me parecía bien que llamase a su padre para hacer esa comida este próximo sábado. Le dije que me parecía bien y que le dijese que me llamase para ponernos de acuerdo. Hoy sonó el teléfono a las dos y media, era él, pensé que sería para planear lo de la comida. No, me soltó: me llamó la niña y me dijo que va a hacer un Master y que el precio es X, el que sea, eso es lo de menos, no viene al caso, tenemos que hablar para ver como se paga eso, porque es mucho y yo no sé si podré, y después estarán los gastos de manutención... Se puede pagar en cuatro plazos y sí, hay que pagar también el piso y la comida, claro... ¿Cómo pero no es todo? se escandalizó, pero es que es un disparate, y si no se puede, no se puede, y yo no sé si podré, que se ponga a trabajar... Le interrumpí, le dije, no te preocupes se lo pago yo, mi hija es mi hija con todas las consecuencias, dime ¿sigues interesado en hacer la comida este sábado? Claro, contestó, pero ya le dije a la niña que tengo que ver como hago porque este fin de semana me toca Iago y tengo que ver si me cambian el día. Absurdo pero no dije nada, Iago es su hermano y a una comida familiar para celebrar que su hermana terminó la carrera, digo yo que lo lógico es que venga, pero no dije nada, allá él y sus criterios. De acuerdo, le contesté, pero tienes que decirme cuántos vais a venir para reservar sitio. Mañana se lo diré a la niña y ya te dirá. Bueno, esta noche te llamo y hablamos de lo del Master, a ver cómo hacemos.
No fue nada más que algo sabido, no sé si va a “dar” o no va a “dar”, no fue eso. Fue la manera de plantearlo, como siempre. Un padre, pregunta, ¿dónde va a hacerlo?, ¿ya habéis mirado lo del piso? oye que yo estoy de vacaciones, podemos ir los tres, os llevo yo o si tú no puedes voy yo con “la niña”. Es una cantidad importante, pero ya veremos como hacemos, ella lo merece, me viene mal porque no contaba con eso pero ya hablaremos y yo estoy aquí para lo que haga falta, soy su padre.
No había terminado de comer y no pude hacerlo. Sé que no es nada, pero me dolió, me dolió su tono de voz, su mercantilismo, su hablar ajeno a su hija, sus derechos y sus no deberes. Su falta de amor hacia ella. Es muy bonito colgarse medallas. Lo que “hemos” hecho por ti. Ni os cuento, ni os imagináis lo que va a presumir del Master de su hija. Mi hija está haciendo un Master... y todos pensarán, lo paga él que bueno es. No me importa, no me importa que se cuelgue medallas, no me importa nada de él. Comeremos el sábado y mi hija hará el Master porque su madre quiere que lo haga, nadie le ha pedido nada, pero... antes de saber ya reaccionó, por eso hoy deseé que mis hijos fueran de madre soltera con padre desconocido.
Menudo tostón, pero necesitaba desahogar.