Esta noche soñé, fue un sueño de esos que te liberan, grité, le canté las cuarenta al de la siesta en la alfombra y desperté relajada, con las pilas cargadas por arte del subconsciente ese, que sabio es no hay duda. Le pregunté a mi hija si había gritado y ella me contestó que no lo sabía pero que había soñado que reñíamos las dos, por lo que espero que los vecinos no nos hayan estado escuchando, gritos hubo y conociéndonos a las dos, ella medio sonámbula, yo que contesto si me preguntan por muy dormida que esté, bronca hubo y no sabrán que no era cosa nuestra, por lo menos por mi parte.

Mi hija anda mohína y aburrida, eso de terminar una etapa es gratificante y chungo. Tiene pendiente saber si aprobó una asignatura pero  se acabó la universidad. Su novio también ha terminado y ya le han hecho la primera jugarreta de la vida real... pobres, lo que tienen que aprender, o se curten o lo pasaran mal y ellos son de los que no se curten, mejor y peor. Mejor porque seguirán siendo personas y no bichos y peor porque sufrirán, ni se imaginan lo que les queda por delante, pero... los prefiero así de carne y hueso y sensibles que arribistas y oportunistas.

Por aquí sigue sin hacer exceso de nada, ni de calor ni de frío. Aún no he pisado la playa y me apetece, ayer me probé los bikinis y espero que el fin de semana próximo pueda darme mi primer chapuzón... no me olvidaré del espejo y probaré eso de pisar las nubes, cuando nadie me mire o si me miran me da igual.

Hoy empecé a limpiar un poco la habitación de mi hijo aprovechando que está en el festival  de música celta de Ortigueira. Empecé a pasar un trapo húmedo a esos CD que tiene olvidados y algunos son verdaderamente buenos, tengo que irlos escuchando de nuevo. Luego unos minutos para ti y para mí, escuchándonos, diciéndonos.  La compra, un pulpito, un churrasquito, un ribeiriño, un buen café de pota... sin gaseosa, me llegó el ribeiro, el orujo en el café sería abusar ya. Ahora, media horita tardía de siesta y antes... brindis por esos  que se aman despiertos.