martes, 09 de junio de 2009 22:09
por
macarey
Bolero para un autor
Estaba leyendo. ¿Cuáles eran las palabras con las que había calificado al autor? Empalagoso. Era rebuscado, por eso era un maestro, o eso decían de él en la contraportada. Empalagoso o no, leerle evoca imágenes, asociaciones incomprensibles que de repente pulsan ese raro resorte de nuestras propias memorias. Y allí estaba, el libro con los dioses del Olimpo. Lo había devorado, con nueve años, se había dejado fascinar por aquellas historias de dioses y semidioses que jugaban con los simples mortales. Había un dios al bajar a la calle. El dios del tridente, el mismo tridente que llevaba marcado en su frente, ¿o era la huella dejada por una gaviota? La mujer marcada por el sueño de la niña que soñaba ser... una MUJER. ¿Los sueños, sueños son? No, hay sueños que se alcanzan, con todas sus consecuencias, reconozcámosle el merito a la niña, mal que le pese a la mujer, no dejó romperse su sueño, peleona salió la rama tardía de la palmera más alta de toda la plaza. Pobre palmera, el viento la derribó. En el espacio que ocupaba colocaron una gran ancla de hierro y flores a su alrededor. Supongo que sólo la rama recuerda la palmera y la echa de menos. Supongo que sólo para ella el ancla es un homenaje al árbol desaparecido. Supongo que sólo ella ve la simbología del ancla, más allá del viento que todo lo lleva hay siempre algo más. Pasaron tantos años entre la palmera y el ancla. Pasaron tantos años desde que devorara aquel libro. Pasó tanto tiempo también desde que un día se dio cuenta de que a veces... como esta noche, sus ojos se vuelven de un cálido color miel. Tiene razón el autor la memoria es nuestra particular maquina del tiempo. Hay empalagues que provocan la miel en los ojos del lector... y somos.
El bolero está dedicado al autor, hoy lo escuché por primera vez gracias a él.
http://www.youtube.com/watch?v=xbIRbzjq8bw