Y allí estaba. Había contemplando los dorados del sol en la ventana mojada. Había caminado mirando de refilón las perneras de su pantalón reflejadas en el vidrio de un escaparate cualquiera, no recordaba el lugar exacto, sí la calle.  Había atravesado la plaza bajo el sol de las dos y veinte (p. m.)... Había visto las hojas de magnolio secas, mohosas, naufragas en el socavón, flotantes entre los adoquines. Había atravesado la cinta de asfalto cuando el semáforo cambio del rojo al verde. Había abordado a una desconocida. Había pedido un favor. La había sorprendido, a la desconocida. Había agradecido a la desconocida. Había vuelto, callada, ausente. Había, había, había...

Había seguido en silencio, autista, ausente, autodestruyéndose, auto culpándose, auto imponiéndose, auto concentrándose, auto entregándose, auto flagelándose, auto, auto, auto aislándose.

Sus ojos rozaron unas palabras, sólo las rozaron. Volvió a auto culparse. Se auto impuso palabras, pero fueron muy pocas. Siguió auto ausentándose. Llegaron nuevas palabras, casi un torrente de palabras, contándole, disculpándose, auto culpándose por la escasez de las suyas. Volvió a auto imponerse nuevas breves palabras, tranquilizando a las que se habían sentido culpables por ausencia de palabras. Siguió auto avergonzándose de su incapacidad de palabra. Llegaron otras palabras, el dardo en la diana, la intuición de otra palabra, el verbo de otra palabra. El dardo rozó, arañó. Se sintió por un momento descubierta, provocada, incitada, convocada, vapuleada, espabilada, despertada a disfrutar lo que tantas veces contemplaba. Respondió ya no tan auto imponiéndose, se dejó transparentar, sólo un poco, lo imprescindible para no ser translucida, se guardó un poco de opacidad tras el cristal. Se despidió y se fue.

Y de repente, el resplandor en la noche, la piedra cayendo dejó entrever la luz. Volvió sobre sus pasos y comenzó a necesitarse de nuevo.

 

Había seriamente, firmemente, tozudamente, contumazmente, impertérritamente, deseado dejar de necesitarse, olvidarse de encontrarse, seriamente muy seriamente. Seriamente, habrá que  intentar de nuevo remontar contra una misma.