lunes, 04 de mayo de 2009 23:57
por
macarey
Miedo


Empecé a darme cuenta de que mis ojos ya no eran los mismos cuando cosía la bastilla de aquella falda verde oscuro. Los flecos que formaban las cenefas superpuestas para imitar el ropaje de las esclavas fueron adornando la falda. El cuerpo estaba simplemente hecho con unos pantys abiertos por su costura central y cortados a media pierna a modo de mangas sobre el codo. Los collares hechos con una cinta de cuero en la que se habían insertado varias hojas hechas de barro. El pelo recogido en un moño voluminoso y adornado con cintas que se cruzaban. Los ojos pintados. El resultado fue contemplar a una esclava de Penélope sentada a un lado del escenario, que sostenía en sus brazos la madeja que otra esclava ovillaba. Estabas radiante, irradiabas ese algo que se puede definir como “ángel”. Siempre lo tuviste, en tus movimientos, en tus poses ante el espejo, en tu cara, en toda tú. Soñabas con ser actriz. Lo fuiste en “Casting”, tu personaje tenía ese nombre, Actriz. La actriz que me hablaba de Casa Hamlet, y la que nunca fue a esa casa. ¿Dónde dejaste el teatro Wendy? ¿Dónde se calló la canción de la estanquera? ¿El fantasma de Canterville te asustó? ¿ Recuerdas tu sueño? ¿O lo olvidaste para siempre como la voz de otro olvido? Detrás de mí está el recuerdo. Un par de mascaras y una dedicatoria. A ti. Tengo miedo de que lo eches de menos. Tengo miedo de no haberte ayudado a seguirlo. Una entrada color rojo. Un par de posters en tu habitación. Unas fotos. Marketing, publicidad, estrategia comercial... ¿es tu camino? ¿Nos habremos equivocado las dos? ¿Sabes? yo también soñaba. Soñaba. Yo también inventaba diálogos frente al espejo. Zindila y Zindala. No me acuerdo cuando dejé de soñar. ¿Fue cuándo empecé a llorar? Lo sé. Sé lo que me dirías ahora mismo, pero... es que no quiero verte llorar.
