¿Exponernos? No, salvo raras avis, a nadie le gusta exponerse demasiado.

 

¿Ocultarnos? Tampoco, aunque nunca nos mostremos del todo, nos mostramos como somos, incongruentes, cal y arena, huidizos y a pecho descubierto.

 

Raros, humanos, nos emociona la tristeza, la lagrima nos duele, la impotencia de no poder restregar una lagrima.

 

Aterrizamos por casualidad, cada uno vino por un camino distinto, pero casi todos leímos primero a los que ya habían aterrizado. Algunos se quedaron sólo de paso, o no necesitaban decir o dicen o callan  en otros lugares.

 

¿Qué hacemos aquí? decir lo que sentimos cuando estamos a solas, inventarnos historias, verternos en las palabras para bebernos en los sentimientos, estar sin estar, estar incluso más de verdad que cuando de verdad estamos.

 

¿Una perdida de tiempo? el tiempo se pierde cuando se siente su perdida, el tiempo no vale nada más que lo que cada uno valore su reloj de arena o digital, dame un segundo de arena lento, quédate con el digito fugaz.

 

Estar a gusto, comprendidos en lo  incomprensible, aprendiendo a no mirarnos el ombligo. No somos únicos, todo lo que sentimos lo sienten los demás. Nada nuevo, todo viejo: luz de luna, calor de sol, nubes, tormentas, granizadas, chaparrones, frío... oscuridad y de repente una tibia sensación de felicidad. Nos lo volvemos a recordar cuando nos sentimos tentados a olvidar.

 

No estamos solos, no somos raros, no somos nada más que los que muchas veces  callamos lo que es tan difícil de gritar:

 

A veces no me siento capaz de seguir y otras creo que puedo volar. A veces veo sin ver y otras oigo sin escuchar. A veces no quiero ver y a veces no quiero escuchar. A veces me siento a gusto en mi piel y a veces me siento tan mal que tan sólo quisiera dormir para no tener que aguantarme nunca más. A veces quisiera abrazarte para que  tú te puedas aguantar y a veces cuando tú  me quieres abrazar siento ganas de escapar. A veces me  haces reír pese a mis ganas de llorar y a veces río  por ti para que no te acuerdes que quieres llorar. A veces me siento feliz. A veces sentimos ese aleteo volátil  llamado felicidad