domingo, 05 de abril de 2009 10:37
por
macarey
Tres
La recuerdo aquella tarde
cuando, a solas en su casa,
el vestido de su madre,
a escondidas, se probó.
La recuerdo, rebuscando
unos tacones de aguja
que su tía había mandado
en el fondo de un costal.
La recuerdo, sacudiendo
su cabellera castaña,
que el vestido negro hacía
más dorada semejar.
La recuerdo, contemplando
su figura en el espejo,
moviendo el vuelo de capa,
de la falda, en su girar.
La recuerdo, blanca y bella,
vestida de encaje negro,
con sus tacones de aguja
y la vida en su mira.
La recuerdo, dama negra
de juventud sonriente,
la recuerdo claramente,
no la debo yo olvidar.
El vestido está colgado
de su percha en el armario,
los tacones desechados,
la juventud se esfumó.
Este año ha comenzado
vestida de dama negra,
ya no es blanca, ya no es bella,
ya no hay vida en su mirar.
La dama de encaje negro,
la dama de negro traje,
las recuerdo, damas negras,
mi pasado y mi verdad.
C. R. C. (05-04-09)
Ojos de perro,
que te miran tan fieles,
que se ofrecen enteros.
Son unos ojos,
que al mirar nos conmueven,
por darlo todo.
Es la mirada,
que más limpia se ofrece,
sin pedir nada
Quiero unos ojos,
mirándose en los míos,
como dos perros.
C. R. C. (05-04-09)
Las tres de la mañana
invitan a dormirse
pero también invitan
a dejarse escribir.
El sueño de lo escrito
no es sueño de dormirse
es sueño que aletea
negándose a dormir.
La noche está callada,
la casa silenciosa,
la luz amarillenta,
tic-tac, suena el reloj.
La mirada se posa
sobre la jarra aquella,
donde, una pareja,
charla en un Coffe Bar.
El móvil, silencioso,
reposa en la mesilla,
“Los papeles de agua”
aguardan al lector.
La noche silenciosa...
la noche tan callada...
la noche que se escapa...
de su mano me voy.
C. R. C. (05-04-09)