La recuerdo aquella tarde

cuando, a solas en su casa,

el vestido de su madre,

a escondidas, se probó.

La recuerdo, rebuscando

unos tacones de aguja

que su tía había mandado

en el fondo de un costal.

La recuerdo, sacudiendo

su cabellera castaña,

que el vestido negro hacía

más dorada semejar.

La recuerdo, contemplando

su figura en el espejo,

moviendo el vuelo de capa,

de la falda, en su girar.

La recuerdo, blanca y bella,

vestida de encaje negro,

con sus tacones de aguja

y la vida en su mira.

La recuerdo, dama negra

de juventud sonriente,

la recuerdo claramente,

no la debo yo olvidar.

El vestido está colgado

de su percha en el armario,

los tacones desechados,

la juventud se esfumó.

Este año ha comenzado

vestida de dama negra,

ya no es blanca, ya no es bella,

ya no hay vida en su mirar.

La dama de encaje negro,

la dama de negro traje,

las recuerdo, damas negras,

mi pasado y mi verdad.

 

C. R. C. (05-04-09)

 

Ojos de perro,

que te miran tan fieles,

que se ofrecen enteros.

Son unos ojos,

que al mirar nos conmueven,

por darlo todo.

Es la mirada,

que más limpia se ofrece,

sin pedir nada

Quiero unos ojos,

mirándose en los míos,

como dos perros.

 

C. R. C. (05-04-09)

 

 

Las tres de la mañana

invitan a dormirse

pero también invitan

a dejarse escribir.

El sueño de lo escrito

no es sueño de dormirse

es sueño que aletea

negándose a dormir.

La noche está callada,

la casa silenciosa,

la luz amarillenta,

tic-tac, suena el reloj.

La mirada se posa

sobre la jarra aquella,

donde, una pareja,

charla en un Coffe Bar.

El móvil, silencioso,

reposa en la mesilla,

“Los papeles de agua”

aguardan al lector.

La noche silenciosa...

la noche tan callada...

la noche que se escapa...

de su mano me voy.

 

C. R. C. (05-04-09)