No me han dado tus ojos sus miradas,

no me dieron tus labios sus susurros,

no obtuvieron mis manos de las tuyas

el sentir como diez dedos forman uno.

En la ausencia de las ansias de encontrarse,

se proclama lo que mienten las palabras,

no es amar el decir un día te amo

si no extrañas, si no ansías, tú no amas.

La verdad que desde siempre he reclamado,

la mentira que sabía en tus palabras,

el despego del olvido en el silencio,

el vacío de las letras de tus cartas.

La amargura del saber tan bien sabido,

que no importa dónde estés o lo que hagas,

no se quiere cuando dejas que transcurran

tantas horas sin necesitar palabras.

En el fondo de los ojos te he mirado,

no encontré dónde mirar, dónde tú estabas,

sin palabras que decir tú me has dejado,

cuando siento lo que dices con  palabras.

El que habló, me ha recordado la mentira,

del engaño del que pruebas tú me has dado,

ni te falto, ni tú a mí me necesitas,

sólo sientes que sienta bien sentirse amado.

En verdad, también pienso, que el decirme

que te gusta el leer lo que te escribo,

no es por serte necesarios mis escritos

no lo son cuando dilatas el leerme.

Ni te importo, ni me quieres, ni soy nada,

no me extrañas, no me añoras, no me ansías,

soy tan sólo la que sientes que te ama,

y eso gusta, crece el ego y no lastima.

 

C. R. C. (15-03-09)