Cuando no se contacta con los otros de nada valen las palabras

son vacías, son estériles, son un campo sin labranza

el arado no es la siembra, la semilla es la palabra.

Las palabras no escuchadas quedarán sin dar su fruto

por no haber sido simientes,  por no haber sido regadas,

por no habernos molestado en intentar cosecharlas.

Si buscamos frases hechas con palabras ya escuchadas

es inútil engañarnos, no buscamos nada nuevo,

si buscamos sólo el eco, si no abrimos nuestros ojos

si ocultamos los sonidos, no llegarán las palabras.

No es entre los iguales donde queremos buscarlas,

es el mundo del perfecto decidor de otras palabras,

no de gentes imperfectas sin palabras rebuscadas.

 Los que dicen lo que sienten sin pretender sentar cátedra,

son personas que nacieron sin laurel en la cabeza

morirán como nacieron, sin ruido, sin lisonjas,

sin la pompa de un discurso, sin la loa de su obra.

No son nadie, son personas, simplemente sienten vivos

la certeza de no ser, la impotencia de caerse,

la imperfección de haber sido y la de volver a ser,

mientras que otros proclaman la perfección de su ser.

 

Que lo sean o lo fueren es cuestión de cada piel,

que lo sientan o lo finjan, esencia de cada ser.

A solas con cada almohada es donde realmente se es.

 

C. R. C. (14-03-09)