La extraña figura que mira, sin verse, mirando el espejo del vidrio en la calle, se encuentra cansada de tanto buscarse en cada reflejo del cristal del agua.

Sus pasos resuenan en calles vacías de losas pisadas sin pasos que pasen, las puertas cerradas ocultan silencios de voces ausentes por falta de bocas.

La calle alargada, al fondo una cúpula, y antes del fondo camelios floridos, los pasos resuenan como ecos dormidos de pasos que pasan sin ser paseantes.

La extraña en la calle, la ausente presente, la voz que no dice, la calle vacía, la mirada triste, el ver si se mira, la mueca en la boca, la última loca.

Buscando encontrarse, camina despacio, respira ese aire que le cuesta tanto, a solas camina, a solas respira, a solas se sienta y vuelve a buscarse.

Perdió sin saberlo, ya nada le importa, la ausencia de angustia llegó sorpresiva, la falta de sueños trajo esa serena ausencia de estrellas de brillos fugaces.

Camina de vuelta, la tarde anochece, el clavo en la espalda le pide tumbarse, la espera su cama, la espera la noche, mañana otros clavos habrá que la claven.

Ya todo ha pasado, ya nada habrá nuevo, ya no más esperas, ya puede apagarse, ya nada la ata, ya nada la mueve, ya puede dormirse y no despertarse.

 

Y heme aquí, desnuda de ilusiones,

olvidándome al mirar de sorprenderme,

despertándome al sentir convaleciente,

de quien regresa al punto de partida.

Mi mirada se posa en la ventana,

entreabiertos apenas los visillos,

la silueta del monte, allá lejana,

y esa luz blanquecina, tan atlántica,

tapizando el cielo con su bruma.

La cabeza reposa en el respaldo,

el sillón, la ventana, son los mismos,

los oídos reconocen los sonidos,

todo está según su ritmo y su orden.

No se extraña el olor a primavera,

no se añora lo que fue tan deseado,

todo está, todo es, conforme ha estado,

no es momento de volver a estremecerse.

Si al mirar no se buscan las estrellas,

de su brillo y de su luz no nos llenamos.

Si la luna no nos habla con sus labios,

no se echan de menos sus palabras.

Si aquel sol, que nos fue antes tan esquivo,

cuyos rayos anhelantes esperábamos,

hoy tan sólo es un astro caprichoso,

cuyo beso se agradece, mas no se extraña.

Hoy serena, sin desear ya, sin ansiar nada,

sin sentir, sin penar, sin ambiciones,

convaleciente de amor y desamores,

extrañándose al sentirse en esta calma.

Tan extraño como sentirse esa extraña,

cuando antes el volcán dentro rugía,

cuando iban cayendo gotas líquidas,

desde el magma interior se derramaban

por las grietas de un par de oscuras simas

donde la oculta verdad se reflejaba.

Hoy no hay fuego, no hay tormentas, no hay jardines,

no hay olores, no hay mareas, no hay más aguas,

se han perdido en los fondos del subsuelo,

como arenas movedizas se los traga.

Allá van tantos suspiros, tantos sueños,

tanto amor no entregado ni alcanzado,

en estratos serán depositados,

sobre el fondo arenoso, yermo, sin agua.

Compañía serán de otros estratos,

raros fósiles de eras sepultadas.

Van los vientos cubriendo con arenas,

esas huellas de fósiles pisadas.

 

C. R. C. (08-03-09)