Falta el perfume que te envuelve,

el aroma de un aire de presencia,

olfateo tu olor para impregnarme

del espacio ausente en que tu hueles.

Va llegando hasta mí, de ti emanado,

un matiz de la esencia que desprendes,

empapada de ti está la estancia,

que de ti se convierte en recipiente.

Y se escapan de ti tantos fluidos,

tanto efluvio de olor, tantos aromas,

un vapor diluido, un aire tibio,

serpenteante rastro rastreado.

Por el quicio de puertas y por jambas

de ventanas, balcones y terrazas,

desde el centro del ser que las procrea

para ser respiradas e inhaladas.

Es tu olor concentrado y diluido,

entre olores viajeros que se allegan,

lo percibo, lo distingo, lo respiro,

y me embriaga el olor  de  tu presencia.

 

C. R. C. (28-02-09)

 

 

 

Mi amante extraño,

mi olor de amor, mi luz de luna,

mi duende, mi pícaro, mis voces de sirena,

melodía del canto de mi noche.

Te me acercas y alejas, cual marea,

me salpicas del pie hasta el cabello,

del sabor a sal iodada de agua de algas,

mientras ciñes mis tobillos con un beso.

Y mi amor tan extraño, tan profundo,

no lo entienden ni siquiera los poetas,

y me callo, y no les hablo, no les digo,

sólo saben que te amé, no que te amo.

Me acompañas de la mano sin tu mano,

resonando sin pisar, silentes pasos,

conversando sin hablar, oidor te vuelves,

en la plaza, en el hueco, en la escalera.

Esperando por ti, surgen palabras,

como éstas, sin fondo, sólo letras,

en ausencia del lector que les da forma,

la caricia de tus ojos es su espera.

 

C. R. C. (28-02-09)