No puede ser, no puede, es imposible. Mejor pensar que es una de esas casualidades casuales ausentes de toda causalidad. Un déjà vu suficientemente acentuado para no ser más que un par de palabras sin otro significado que un ya y un visto, pero sin ser visto ni ser adivinado. Cosas que pasan y que sólo mentes calenturientas pueden enrevesar hasta el infinito y más allá, como en una película del mundo mágico de Walt.

Pelillos a la mar y a otra cosa mariposa.

Acabo de llegar a  casa. No es que haya ido al entierro de la Sardina, pasé por allí pero no me quedé al funeral. Hemos hecho una escapada los tres, no mosqueteros, pero sí cómplices, las dos y, como dice alguien que lo ha bautizado de nuevo, el bendito. El día del temporal también hicimos una escapada, pero al bendito lo acompañó su bendita, hoy ella tenía una cena y nos dejó a solas a los tres. Dos cafés y una clara primero y después, y ya que don Rodrigo de Vivar no nos acogió en su feudo, visita al mundo italiano reconvertido, lógica reconversión dado el lugar lógico y reconvertido. Hoy no hubo acompañamiento de Lambrusco, nos conformamos con dos claras y un rioja. La torre ya estaba bastante inclinada, pero no me pude resistir a la cucharilla de licor de hierbas que le robé al bendito. ¿Sabes que no estaba nada, nada mal? el licor, el bendito es eso un bendito, de los que debían ser declarados especie protegida en vías de extinción, haberlos hailos pero escasean tanto, tanto, que benditos sean los que lo son. Ya le perdoné el berrinche de hace dos semanas, bendito es, pero nadie es perfecto y hasta a los benditos les gusta ponerse medallas y refulgir, pues que reluzca, yo me quedo con  mi lado oscuro y sin medallitas, pero... hormonas, o que sé yo, a veces fastidian esas nimiedades que otras veces nos hacen sonreír. Echémosle la culpa al resfriado, pero... ante cierta actitud de jefecillo con secretaria a  sus ordenes, como que me entró el ahí te quedas y simplemente desoyendo la insolencia me levanté y por no decir: ¡Qué te zurzan!, dije: ¡Me voy a tomar un café! y... me fui, echando chispas, y algo más que me callo.

Pelillos a la mar de nuevo. Me acabo de tomar un chupito de licor de café, que me había quedado el cuerpo con ganas de orujo, fuera del tipo que fuera y en estos lares caseros no tengo licor de hierbas, así que Abadía da Cova, ¡qué buena que estás! Casi me voy a echar otro lingotazo, que dicen que es buen matador, el orujo, aunque sea de café, para torear todo tipo de virus y males varios, corpóreos e incorpóreos, que haberlos hailos pasadas las horas de la luz diurna. A mi salud y a la de todos y todas, los, las, que necesiten ahuyentarlos o simplemente necesiten levitar. Benditos incluidos.

¡A tu salud, ojazos! No podía brindar sin ti. El orujo eres tú.