domingo, 01 de febrero de 2009 9:58
por
macarey
Bechamel Kiss

Ocho y cuarto, domingo uno de febrero, me despierto con calor, me levanto y voy a mirar si se ha quedado encendida la calefacción toda la noche. Entro en la cocina, no, la caldera no está encendida. Aprovecho y empiezo a preparar la comida, bechamel para unas croquetas de pollo y chorizo, restos congelados de la sopa de hace una semana. Llega mi hijo, me pregunta qué estoy haciendo, olfatea la bechamel, siempre le gustaron las croquetas. Trae en su mano el móvil con música de Kiss, me preguna por los huevos a la flamenca que sobraron de la comida de ayer, como le digo que me los comí yo a la cena, coge un cuenco y echa un poco de arroz en blanco, abre el frigorífico busca la salsa de tomate y la añade al arroz frío. Yo ya he terminado la bechamel, la echo en un plato y la dejo sobre la mesa de la cocina para que enfríe. Empiezo a exprimir naranjas para hacer mi zumo de todas las mañanas, vuelve a preguntarme que hago y se rie cuando al quitar la parte de arriba del exprimidor salpico sobre la vitrocerámica parte de la pulpa. Echo el zumo en una jarra de cristal y se lo doy a él. Sigue comiendo arroz y bailando con Kiss. Segundo zumo, éste para mí. Empiezo a bailar con él. Pongo agua a hervir para preparar mi café. Seguimos bailando. Se enfada un poco cuando ve que le estoy haciendo fotos y me amenaza con hacérmelas él a mí. En pijama, despeinada y bailando rock serían dignas de una buena carcajada, pero... no las hizo. Mi criaturita, esa que me desespera, me enfada y me saca de mis casillas, hoy me ha hecho empezar el día bailón. Ahora él duerme, la bechamel me espera y las croquetas serán a ritmo de Kiss.
http://es.youtube.com/watch?v=auq7y7J6BT0