Dos minutos para un sueño...
mientras sigue rastreando, con un olfato sin pistas,
las que va dejando el rastro de quien quemando sus naves
o abrigándolas en puerto,
parece que ya no deje las huellas que borra el viento,
esas que antes recogía envueltas ente otras huellas,
paseantes, pisa, piso,
desde el agua hasta la orilla donde deja el mar su beso,
acariciado de algas o arrastrado por los suelos.
Los más grandes, los más chicos,
los trazos dados con pluma o con violentos accesos,
como brochazos rabiosos sobre los lienzos sin telas
de mañanas madrugadas, adormiladas de sueños.
Huella tras huella dejaba rastros de un yo en el lienzo,
ocultando entre acuarelas lo pintado con los dedos,
cubriendo punto por punto, retocando cualquier hueco
donde el pincel deje escrito el trazado de su dueño.
Óleo acuarela marina... dos minutos para un sueño.
Hubo otros que ocultaron, hubo otros que escribieron,
desdoblándose en lo escrito, triplicándose en el sueño,
clonándose como tan sólo un maestro sabe hacerlo.
Nunca hubo mal alumno cuando hubo un buen maestro,
ese que atrapa las moscas para mostrárnoslas luego,
consiguiendo que se busque el motivo de su vuelo,
el componente de magia en que consiste el secreto,
de atrapar, como la mosca, la atención, mostrando luego
su lección sin imponerla, compartiendo, transmitiendo
el amor que por Sofía siempre sintió el maestro,
cuando la encuentra en el brillo de esos ojos tan atentos,
mientras despierta al pensante que todos llevamos dentro.
No tan sólo aprende el niño, él enseña a su maestro:
Amor se escribe sin h, pero se enseña viviendo.
Saber es cosa de quienes Sofía enseñó el secreto
que por no saber no saben que amarlos no roba el tiempo.
Dos minutos... no se pierden, cuando se persigue un sueño.
El que aprenda de las moscas será el maestro perfecto.
No es cuestión de los programas, ni de atenerse al libreto.
No es desde la tarima donde enseña el que es maestro.
No es cuestión ni de objetivos, ni de estadísticos duelos.
Es sentado en el pupitre donde puede aprender luego como el vuelo de la mosca le enseñará magisterio.
C. R. C. (16-01-09)