lunes, 12 de enero de 2009 13:58
por
macarey
Algo
Se sentía culpable. No era capaz de encontrar la forma de hacer posible el ser entendida y el entender. Medía sus palabras. Pensaba.
¿Qué verdades eran esas? ¿Nunca desaparecerás?
No pienses, piensas demasiado.
¿Se trata de no pensar? ¿Se trata de vivir el momento sin preocuparse de los que viven fuera de nuestra piel?
Sensatez, encanto, sinceridad y esa barrera levantada. ¿Tanto se nota esa barrera?
No lo entiende. Antes no veían esa sonrisa, ahora sí. Las palabras se repiten, ya no protesta, aunque siga sin sentirse cómoda. No tiene merito, ninguno.
Lo otro, tampoco, tampoco tiene merito.
El levantar barreras no es entendido. El no tenerlas y entregarse tampoco. Es tan complicado.
¿De qué vale la sinceridad si es confundida con dependencia? ¿No quieres que se entristezca por ti? ¿Quieres que esté muy bien? A ella le sucede lo mismo. Quiere que no te sientas culpable por nada. No quiere provocarte esa sensación agridulce.
Digan lo que digan, pensará.
Debe hacerlo y encontrar el modo de decir, de preguntar sin ser malinterpretada. Se lo debe y te lo debe.
Necesita tu tranquilidad. Necesita decir la verdad. Necesita que la entiendas. Necesitas entenderla y para ello tiene que pensar, meditar, salir de si y ser capaz de veros a los dos con ojos ajenos. Te debe y se debe que entendáis lo que os ocurre y os entendáis el uno al otro. Si no os importarais, tú habrías desaparecido ya y ella habría desaparecido también. Ni tú ni ella lo habéis hecho. Hay algo que os lo impide, a pesar de la cobardía, ninguno de los dos sois cobardes.
Pensará, necesita pensar, tiene que pensar el por qué ni se atreve a sugerir que os amáis, porque es muy posible que así sea, aunque no debáis admitirlo ninguno de los dos.